Saltar a contenido
Miércoles 6 de mayo de 2026
Imagen de perfil de Mauricio Cabrera
Mauricio Cabrera

El Frente Amplio

Después de la clara victoria de Iván Cepeda en la consulta del Pacto Histórico (PH), con más de 2.7 millones de votos, el siguiente paso para los sectores progresistas del país será la consulta popular de lo que se ha llamado el Frente Amplio en las elecciones parlamentarias de marzo, para elegir el candidato que los represente en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, y que a la vez tenga las mejores posibilidades de ganar en la segunda vuelta.

Lo que se olvida en varios de los análisis sobre la elección del próximo presidente, y en la mayoría de las encuestas sobe la intención de voto para esos comicios, es que en Colombia ese proceso electoral tiene cuatro etapas. Primera, las consultas intrapartidistas que, como sucede en Estados Unidos, son una especie de primaria de los partidos políticos. El problema en Colombia es que los partidos son muy débiles y desorganizados, de manera que solo dos las están haciendo: el Pacto Histórico, que lo hizo con una votación abierta en la que triunfó Iván Cepeda, y el Centro Democrático, que lo va a hacer por medio de encuestas que solo validarán al que diga Uribe.

La segunda son las consultas interpartidistas que se realizarán en marzo, donde grupos o partidos con ciertas afinidades políticas tratarán de escoger un solo nombre que los representa. De allí saldrán solo unos cinco o seis candidatos con posibilidades reales de ganar. Luego, en mayo, viene la llamada primera vuelta, donde participarán los ganadores de las consultas, pero es posible que se enfrenten a algún llanero solitario que llegó por firmas y no participó en ellas.

Si en estos comicios ninguno de los candidatos logra la mitad más uno de los votos, viene una segunda vuelta (también llamada balotaje) en la que compiten los dos candidatos más votados de la anterior. En este complejo proceso no tiene mucha utilidad preguntar en una encuesta por quién se votaría, presentando una lista de 15 o más candidatos, porque ese escenario es muy poco probable, y si los punteros tienen 14 o 15 por ciento de intención de voto, todavía están muy lejos de alcanzar la presidencia en la segunda vuelta.

Una segunda vuelta demasiado lejana

En medio de la confusión de tener más de 100 precandidatos presidenciales, la izquierda y el centroizquierda progresista le llevan una ventaja a los sectores de centro y de derecha, en la medida en que ya tienen definido un mecanismo para seleccionar, en la segunda etapa del proceso, un solo candidato que aglutine las diversas tendencias que hay a su interior, mientras que en los otros sectores del espectro político todavía se discuten fórmulas, pues no se sabe quiénes ni cómo se podrían unir.

En cuanto al Centro, que tendría una buena posibilidad de ganar la Presidencia atrayendo gente cansada de la aguda polarización política que vive el país, su figura más visible, Sergio Fajardo, todavía no ha manifestado si está dispuesto a participar en una consulta con otros precandidatos como Claudia López o Juan Manuel Galán, para solo mencionar dos de los muchos que se ubicarían en este sector. Si no lo hace y van divididos a la primera vuelta, sus posibilidades de pasar a la segunda vuelta son muy escasas.

Es interesante que un grupo de candidatos que se podrían clasificar en la centro-derecha (M. Cárdenas, J. Oviedo y D. Luna) están intentando desmarcarse de la derecha más extrema para ubicarse en los terrenos del Centro, planteando una consulta más amplia de este sector. 

En los territorios de la derecha y la centro-derecha la situación es todavía más difícil, pues hasta ahora lo único definido es la forma de elegir al precandidato del Centro Democrático, y no se sabe si después competirían en una consulta de la segunda etapa con otros personajes de la extrema derecha como la periodista o el abogado de Alex Saab. También está por definir si los grupos de centro-derecha están dispuestos a taparse la nariz para juntarse con los imitadores colombianos de Milei y Bukele en esa consulta interpartidista de marzo. 

El dilema más agudo lo tiene lo que queda del partido Liberal. La insólita visita de César Gaviria al Ubérrimo y el anuncio de su intención de conformar un Pacto Prehistórico (como lo bautizó el caricaturista Vladdo) es un mal presagio que traiciona los principios liberales y ha revolcado en sus tumbas a los antiguos jefes liberales que decían que el partido Liberal era una coalición de matices de centroizquierda.

Los retos del Frente Amplio

Sin embargo, que el progresismo vaya un paso adelante no quiere decir que la tenga fácil. Como lo planteó muy claramente Juan Fernando Cristo en carta dirigida a Iván Cepeda y Roy Barreras, el Frente Amplio no puede ser una simple coalición electoral, coyuntural o mecánica con el único fin de escoger un candidato presidencial, sino que debe haber un acuerdo de mínimos sobre temas esenciales para el país.

El exministro Cristo recuerda que el objetivo del Frente Amplio es continuar en la construcción de un país más justo, democrático y equitativo, y propone cinco temas para este acuerdo nacional: uno, la recuperación de la seguridad y la manera de enfrentar a los grupos armados ilegales que siguen generando violencia; dos, cómo resolver la crisis estructural del sistema de salud; tres, el fortalecimiento de la autonomía territorial en contra del centralismo; cuatro, la forma de realizar la transición energética para combatir el cambio climático; y, por último, la reforma política que se debe realizar para cambiar el funcionamiento de las instituciones de la justicia el Legislativo. Todo ello en el contexto de acordar un camino para solucionar la profunda crisis fiscal que vive el país

La escogencia de Iván Cepeda como candidato del PH facilita este acuerdo por su talante abierto al diálogo y a la concertación, pero hay que reconocer que, aun siendo el mejor candidato de la izquierda, la tendría muy difícil en la segunda vuelta, pues aglutinaría a todo el antipetrismo en contra suya, como ya sucedió en 2022 con un candidato tan cuestionado como Rodolfo Hernández.

La mejor opción para el Frente Amplio es tener un candidato liberal progresista que recoja las banderas del cambio y la equidad, pero que se distancie de los errores y excesos del actual Gobierno y abra las puertas para un diálogo con todos los sectores políticos que permita superar la polarización que nos paraliza.

Finalización del artículo

Artículo de libre acceso