El tigre de papel
Abelardo de la Espriella, el candidato presidencial que va arriba en las encuestas, está utilizando su poderosa oficina de abogados para atacar a uno de sus competidores. Así lo reveló la revista Semana en un artículo en el que reseña una denuncia que se presentó en la Fiscalía y que salpica (entre otros), al candidato presidencial por el Pacto Histórico, Iván Cepeda. La denuncia, que estaría pegada con babas, fue hecha por una persona que acepta tener de apoderado al bufete de Abelardo De La Espriella.
El nombre de la denunciante es Ximena Bustamante, exmujer de Miguel Ángel del Río, quien fue el representante de las víctimas, junto a Iván Cepeda, en el proceso por manipulación de testigos que se abrió contra el expresidente Alvaro Uribe y del que fue declarado inocente hace unas semanas.
Esta historia comenzó en julio de este año, cuando Iván Cepeda y Miguel Ángel Del Río denunciaron que se estaba urdiendo un complot contra ellos para vincularlos con el narcotráfico. Según esa denuncia, Diego Cadena, abogado del expresidente Uribe, -condenado a siete años por manipular testigos-, le habría ofrecido prebendas a Manuel Antonio Castañeda, más conocido como el ‘narcochofer’, para que diera declaraciones falsas contra Cepeda y Del Río. Castañeda había sido capturado en 2022 con un cargamento de 212 kilos de cocaína cuando manejaba un carro de la UNP. Poco tiempo después logró un acuerdo con la Fiscalía y fue liberado a cambio de su colaboración.
La primera vez que apareció en esta historia la oficina de Abelardo De La Espriella fue hace dos meses, cuando se conoció un audio que contiene una conversación entre Diego Cadena y el narcochofer Castañeda y que fue recordado por Daniel Coronell, en su última columna. En ese audio, Cadena le cuenta a Castañeda que en la oficina de Abelardo De La Espriella se estarían recopilando una serie de informaciones contra Miguel Ángel del Río, a expensas de su exmujer, Ximena Bustamante. A pesar de que su candidatura era ya un secreto a voces, Abelardo De La Espriella no dijo ni mú.
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Hace dos días, en la misma edición de la revista Semana en la que sacan en portada a Abelardo De La Espriella y le hacen una entrevista bien zalamera, volvió a aparecer mencionada la oficina del abogado y precandidato en un artículo en el que se publica la denuncia de Ximena Bustamante en contra Miguel Ángel del Río e Iván Cepeda. En esa nota, ella afirma que el complot que Cepeda y Del Río denunciaron en julio, es en realidad un invento de ellos urdido para afectar al expresidente Uribe, que en ese momento estaba en juicio.
Más allá de que la denuncia sea o no falsa, como insiste Miguel Ángel del Río, lo que quedó claro en el artículo de la revista es que Ximena Bustamante tiene de apoderados al bufete de abogados de Abelardo De La Espriella, porque ella misma le notificó a su exmarido que iba a ir al bufete para que la representara.
¿Está la oficina del candidato Abelardo de la Espriella, -como se desprende del artículo de Semana-, detrás de esta denuncia que salpica a uno de los candidatos que compite con él por la presidencia? ¿Qué tiene que decir al respecto el candidato De La Espriella que se precia de ser el defensor de las instituciones y de la democracia? ¿Será que en esta oportunidad sí le va a responder al país o se va a ir por las ramas como ha hecho con los interrogantes que le ha planteado la candidata Vicky Dávila?
El tigre, como se hace llamar Abelardo de la Espriella, ha diseñado su carrera por la presidencia como si fuera una película. Su figura bukeliana, siempre impecable, es el centro de la trama y solo aparece en entrevistas cuidadas y en medios afines a él. Su lema es simple. Se presenta como el gran defensor de la democracia y el salvador de Colombia, cuando en realidad lo que nos propone es una receta de odio que se basa en “destripar” a los que no piensen como él.
Para salvar a Colombia, el tigre De la Espriella propone implementar la política del odio contra quienes no se plieguen a sus designios, contra los que hablen de los falsos positivos, del genocidio de la UP y contra los que se atrevan a creer en la necesidad de implementar el acuerdo de paz con las Farc. De La Espriella se proclama como el candidato del pueblo, pero en realidad el pueblo solo le sirve de fondo para llenar de extras su costosa película en technicolor. Orondo, se da el lujo de ningunear a sus contrincantes como lo ha hecho con Vicky Dávila desde que ella lo conminó a que le respondiera por qué un abogado que estuvo en su bufete es hoy la mano derecha Alex Saab, el corrupto empresario barranquillero que se convirtió en el consentido del régimen de Maduro.
De la Espriella, el tigre, comparte con ese felino su condición de depredador solitario. Merodea hasta escoger muy bien su presa antes de cazarla. Hoy tiene en la mira a Cepeda, mañana será Roy, Fajardo o el que se le venga en gana.
Para acometer su receta de odio, tiene una arma letal que no tienen sus contrincantes: una poderosa oficina de abogados donde recibe denuncias sin carne contra los candidatos que compiten contra él y desde donde puede jalar los hilos del poder y amenazar con demandas a cualquier periodista que ose levantar su voz y desnudarlo.
Si Abelardo de la Espriella quiere derrotar a la izquierda que ahora él tanto detesta, -hace poco elogiaba a Petro- lo tiene que hacer en las urnas y no “destripando” a sus contrincantes con denuncias alentadas por la puerta trasera.
Ya va siendo hora de que Abelardo de la Espriella se comporte como un candidato presidencial y no como un abogado litigante que se ufana de haber defendido a narcos y a corruptos. Y está en mora de contarle al país, si sigue o no vinculado a su oficina de abogados y si considera aceptable que su bufete acepte llevar un caso que toca directamente a un candidato presidencial que compite con él.
Los tigres pelean en franca lid. Claro, los tigres de verdad, no los falsos como De La Espriella.