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Lunes 4 de mayo de 2026
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Mauricio Cabrera

La ambición de Elon Musk

Elon Musk es el hombre más rico del mundo, y su fortuna ha crecido en forma impresionante. Según la revista Forbes, la riqueza de Musk aumentó de 195.000 millones de dólares en 2023 a 342.000 millones en 2024, y los últimos estimativos la calculan por encima de los 450.000 millones, es decir un incremento de 130 por ciento en solo dos años.

Cualquier persona debería sentirse satisfecha con esa fortuna, pero para Musk no es suficiente y quiere más. Acaba de presionar a la junta directiva de Tesla para que le otorgue una bonificación de 427 millones de acciones de la empresa, que equivalen al 12 por ciento de la propiedad accionaria, y que pueden llegar a tener un valor de un billón de dólares, es decir un millón de millones (1.000.000.000.000, con todos esos ceros) que es más de dos veces el PIB anual de Colombia. 

A pesar de las razones financieras que pudiera tener tamaña bonificación, hay muchas preguntas y cuestionamientos que llevaron a algunos accionistas minoritarios a oponerse al bono, como estas: ¿Qué justificación puede tener una bonificación de estas magnitudes? ¿Para qué una persona busca acumular tanta riqueza?

Racionalidad financiera de los incentivos

Es usual que en las empresas se den incentivos por desempeño o por la consecución de ciertos objetivos. En este caso se supone que el bono es un incentivo para que Musk deje otras distracciones y se concentre en trabajar en Tesla, por lo que está condicionado al cumplimiento de objetivos financieros y operativos en un período de 12 años, como por ejemplo vender 20 millones de vehículos y un millón de robots humanoides. El más retador es incrementar el valor de mercado de la empresa, que hoy es de 1,2 billones, y llevarlo a más de 8 billones de dólares. (Por eso, el 12 por ciento de las acciones que le regalan valdría 1 billón).

No hay duda de que lograr estas metas sería un excelente resultado para todos los accionistas, pero hay que verlo con cierto escepticismo, sobre todo en lo que se refiere a los indicadores del valor de mercado de la empresa en la bolsa de Nueva York, porque hay una enorme dispersión entre esos indicadores y el desempeño real de las empresas.

Uno de los indicadores tradicionales para valorar una compañía es la relación precio/utilidad (P/U), es decir la relación entre el precio de la acción en la bolsa y las utilidades de la empresa. Como se ve en el cuadro siguiente, en el caso de Tesla esta relación es desproporcionada, aún frente a otras firmas tecnológicas que también rompieron el molde. 

Para una compañía petrolera como Exxon, que alguna vez fue la estrella del mercado, su acción se transa por un múltiplo P/U de 17 veces y un dividendo que arroja una rentabilidad del 3.5 por ciento. La acción de Nvidia, la empresa tecnológica más valiosa del mercado, tiene un múltiplo de 44 que ya luce exagerado, pues la rentabilidad que ofrecen sus dividendos a los accionistas es de solo 0.02 por ciento. La de Tesla es totalmente irreal pues, aunque sus ingresos son el 30 por ciento de los de la Exxon, el precio actual de la acción equivale a un irracional múltiplo de 262 veces las utilidades, y no está pagando dividendos.

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El corolario es que alcanzar el objetivo requerido para que Musk reciba la bonificación no depende solo del desempeño de la empresa, sino de factores especulativos del mercado imposibles de predecir.

Sin embargo, más allá de las consideraciones sobre las finanzas de la empresa, quedan varias preguntas de carácter gerencial y corporativo. La primera: ¿Es necesario tamaño incentivo? Musk hoy es dueño del 13 por ciento de las acciones de Tesla, o sea que si logra el objetivo de aumentar el valor de mercado de la compañía a 8 billones de dólares, automáticamente aumentaría su patrimonio en 1,04 billones sin necesidad del bono. ¿No es eso suficiente aliciente para seguir trabajando en la empresa? ¿Por qué exige recibir el doble de remuneración, con lo que multiplicaría por cinco veces su patrimonio actual, y posiblemente pagando muy pocos impuestos?

La otra cuestión relevante es el papel del líder frente al equipo. Es evidente que mejorar el desempeño de una empresa es una labor colectiva que depende del aporte de miles de personas. Ofrecer un incentivo de esa magnitud solo a la cabeza del equipo por brillante que sea, (porque es imposible ofrecer algo similar a todos los empleados, ni siquiera a todo el grupo directivo) envía un mensaje muy desmotivador a toda la organización. Supone además, apostar el futuro de la empresa a la suerte de una sola persona, lo cual no solo es arriesgado sino equivocado.

“Acumulad, acumulad: esa es la ley y los profetas” 

La frase es de Karl Marx, quien adaptó una expresión bíblica para criticar la obsesión del capitalismo por la acumulación de capital, equiparándola sarcásticamente a un principio religioso fundamental. La traigo a colación porque una ambición desmedida como la de Musk no corresponde a la lógica empresarial del modelo capitalista, sino a otros propósitos.

¿Para qué busca un mortal acumular tanto dinero? Ciertamente no es para poder comprar más cosas, ni para reinvertirla en la empresa: para usar esa fortuna en 30 años, Musk debería gastar 180 millones de dólares cada día. Tampoco parece que sea para hacer filantropía, pues a diferencia de otros ultramillonarios como Bill Gates, Warren Buffet o George Soros, que han donado decenas de miles de millones de dólares a fundaciones, hospitales o universidades, son muy pocas las donaciones conocidas de Musk. El mismo dijo que el gran pecado de las democracias occidentales es la empatía.

El motivo real, más allá del orgullo de ser el más rico del cementerio, parece ser el ansia de poder no solo corporativo y empresarial, sino sobre todo político. Así lo ha demostrado con sus millonarias donaciones a la campaña electoral de Trump y de varios congresistas republicanos, que le permitieron llegar al Gobierno con su DOGE para tratar de desmantelar el aparato estatal, aunque después la confrontación de egos con Trump lo obligó a dejar esa posición. 

El objetivo político de Musk es promover gobiernos plutocráticos, autoritarios y racistas en todo el mundo. Por eso ha apoyado a partidos de extrema derecha en varios países europeos; lo que desearía es implantar en todo el mundo regímenes cuasi fascistas. El gran peligro de las democracias es la influencia de los billonarios en los gobiernos, máxime cuando estos no solo buscan beneficios económicos, sino que tienen agendas políticas que debilitan la democracia liberal.

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