Petro y su gira del despecho
Al margen de los ya usuales y conocidos desvaríos de Gustavo Petro en sus mensajes de X y en varias de sus intervenciones públicas, el mar de contradicciones y excesos retóricos por los que navegó durante su reciente visita a Arabia Saudita, Catar y Egipto lo hicieron lucir como un presidente despechado por el mal trato que han sufrido él y Colombia de parte de su colega Donald Trump. A pesar de que, equivocadamente, ha dicho no preocuparse por eso.
En lo que podríamos llamar la gira del despecho, Petro se desbordó en su cuenta de X en elogios al régimen de Arabia Saudita y al primer ministro y príncipe heredero de ese país, Mohammed bin Salman, un gobernante cuestionado por múltiples violaciones a los derechos humanos y uno de los principales exponentes del mundo de las “economías fósiles” que tanto critica el presidente colombiano.
Además, en un mensaje llenó de cursilería exaltó el tratamiento de “príncipe” que recibió de Mohammed bin Salman. Fue una alusión tácita pero evidente al trato tan distinto que le han dado Trump y su Gobierno, que lo incluyeron en la Lista Clinton bajo la presunción —nunca sustentada con pruebas— de que tiene vínculos con el narcotráfico.
“Tratan como príncipe al presidente y como princesa a Colombia, madre de la Vida”, escribió Petro desde Riad el 28 de octubre. Luego el mandatario borró el desmesurado trino cuyo mensaje implícito era: aquí sí me tratan bien, no son como Trump.
%%imagen%%1
El trasfondo de esa gira fue, en todo momento, su conflicto con el presidente estadounidense. Al príncipe saudí Mohammed bin Salman le pidió actuar “como mediador en la búsqueda de soluciones al conflicto que se está desatando en el Caribe” y, días después, invitó al emir de Catar, Tamim bin Hamad Al Thani, a mediar para “desescalar el conflicto con Trump”.
Catar es conocido por su papel como facilitador de acuerdos en conflictos internacionales —como los ataques de Israel a los pueblos palestinos y la invasión de Estados Unidos a Afganistán—, pero solicitarle mediar en un pleito político personal está fuera de proporciones.
El presidente colombiano exhibió muchas incongruencias en su gira por el Medio Oriente. En otro mensaje en X a su llegada a Arabia Saudita llamó “príncipes de la paz” a los monarcas saudíes, empezando por el príncipe heredero Mohammed bin Salman, quien enfrenta serias críticas de organismos como Human Rights Watch (HRW) y Amnistía Internacional.
En un informe titulado ‘El hombre que compró el mundo’, HRW denunció que Mohammed Bin Salman ha utilizado el Fondo de Inversión Pública de su país —con casi mil millones de millones de dólares— “para blanquear en el mundo el daño reputacional que le ha causado su papel en la guerra que libra Arabia Saudita en Yemen contra los rebeldes hutíes, con bombardeos y bloqueo económico que han causado miles de muertes de civiles y hambruna”.
El príncipe “de la paz” está acusado de crímenes de guerra en Yemen y del homicidio del periodista saudí crítico de su administración, Jamal Khashoggi, quien fue asesinado el 2 de octubre de 2018 en el consulado de Arabia Saudita en Estambul (Turquía). Este país reportó que fue desmembrado dentro del consulado por un comando saudí y, según un informe de la ONU y otro de la inteligencia estadounidense, hay evidencia de que el asesinato no pudo ocurrir sin el conocimiento y autorización del príncipe heredero.
Fueron tan evidentes las exageraciones retóricas que le produjo a Petro el despecho por el maltrato estadounidense que, quizá por una reflexión posterior o por recomendación, el presidente colombiano borró también el mensaje de X en el que habló de “príncipes de la paz”.
Además, borró un mensaje en el que presumió una foto en compañía del príncipe más rico del mundo árabe, Alwaleed Bin Talai bin Abdulaziz, quien según Forbes tiene una fortuna de 16.500 millones de dólares y está en el lugar 128 de los hombres más ricos del mundo. No en el cuarto lugar, como lo presentó Petro en su trino.
%%imagen%%2
Queda en el aire el interrogante de por qué habrá eliminado Petro ese mensaje. Puede ser que se dio cuenta de ese error o se enteró de que este millonario príncipe inversionista estuvo preso en una purga anticorrupción del príncipe heredero saudita Mohammed bin Salman, en noviembre de 2017. Fue liberado el 26 de enero de 2018, tras alcanzar un acuerdo financiero con las autoridades.
También fue señalado como financiador de Al Qaeda por Zacarias Moussaoui, la única persona condenada por Estados Unidos por su relación directa con los ataques a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001.
Si bien las contradicciones y las exageraciones son el pan de cada día entre los políticos, y para comprobarlas solo hay que revisar sus redes sociales, las de Petro fueron especialmente abundantes en los ocho días de gira por el Medio Oriente. Un viaje en el que, por lo demás, fue evidente su intención de aparentar normalidad en las relaciones exteriores de Colombia tras el revés que éstas han sufrido con el actual Gobierno estadounidense. Por supuesto, no solo por los extravíos de Petro, sino también por los de Trump.
En un punto aparte se merece analizar el hecho de que esos viajes también representan un potencial peligro para el mandatario colombiano. No solo por una eventual orden de aprehensión internacional que pueda estar promoviendo la administración Trump con algunos de los países aliados, sino porque la inclusión del presidente en la Lista Clinton le genera problemas logísticos que pueden pasar a mayores.
Por ejemplo, en un mensaje del 30 de octubre Petro reconoció que sufrió una “humillación” en Cabo Verde cuando la empresa estadunidense contratada por la FAC para recargar de combustible el avión presidencial se negó a hacerlo –por temor a sanciones— en una escala de la aeronave presidencial colombiana en el país africano. “España me ayudó”, sostuvo sin dar más detalles.
Es evidente que el presidente de Colombia tendrá que evitar al máximo los viajes internacionales. Hacerlos lo expone demasiado. Y Petro debe cuidarse no solo en lo personal, sino también por su investidura presidencial. Por eso, no se explica que en otro mensaje en X del 3 de noviembre haya afirmado que viajará a Nueva York —pese a que Estados Unidos le retiró la visa— para intervenir en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, instancia a la que Colombia ingresará como miembro no permanente por un periodo de dos años a partir del 1° de enero de 2026.
“Yo tendré el placer de volver a Nueva York, así no quieran recibirme por allá”, aseguró, pese a todo, el mandatario colombiano.