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Viernes 8 de mayo de 2026
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Juan Camilo Restrepo

Trump, aranceles y Corte Suprema

Para dentro de pocos días se espera una decisión definitiva de la Corte Constitucional de los Estados Unidos sobre la legalidad como viene fijando Trump sus erráticos aranceles. Será una sentencia especialmente importante. 

Ya ha habido varios fallos de tribunales inferiores (casi todos ellos negativos), pero la decisión que tome la Corte Suprema constituirá la última palabra sobre ésta que es probablemente la más disparatada y caprichosa política que nunca se había visto en el manejo del comercio exterior de los Estados Unidos con el resto del mundo.

Según el prestigioso economista y premio Nobel Paul Krugman, quien viene haciéndole un juicioso y documentado seguimiento a todas las medidas arancelarias que ha tomado Trump en el primer año de su segundo mandato, dos temas centrales deberán ser decididos por la Corte Suprema en este fallo fundamental que se apresta a proferir:

Primero: ¿la manera como viene aplicando los aranceles el Gobierno Trump invade o no la órbita exclusiva del Congreso para definir la política tributaria, y específicamente los impuestos, en los Estados Unidos?

El Gobierno Trump se jacta de que, a través de los aranceles, la Tesorería del país viene captando sumas enormes de ingresos fiscales que se recaudan al momento de ingresar por las aduanas las mercancías a los Estados Unidos con los nuevos aranceles fijados para el resto del mundo.

En otras palabras: ¿los aranceles constituyen o no una modalidad de ingresos tributarios que pueden homologarse a los impuestos, y por tanto el Gobierno Trump está invadiendo o no la órbita legislativa al fijarlos a discreción del Gobierno federal saltándose al Congreso?

En las audiencias que hubo el pasado 5 de noviembre (previas al fallo) se puso de presente que serán los consumidores estadounidenses los que a la postre terminarán pagando los aranceles pues estos -como gravámenes indirectos que son- siempre se terminan repercutiendo en el usuario final. Así como sucede con el IVA. Por lo tanto, argumentaron los demandantes, la morfología de los aranceles se parece más que cualquier otra cosa a los impuestos. 

Tal es la primera pregunta que habrá de decidir la Corte Suprema próximamente.

Krugman anticipa que, aunque él no es amigo de hacer pronósticos judiciales, hay una alta probabilidad de que la Corte declare inconstitucional este procedimiento, toda vez que los aranceles son similares y homologables con los impuestos.

La segunda pregunta que habrá de responder la alta corte es ésta: ¿la “seguridad nacional” está en peligro hasta el punto de exigir que el manejo de los aranceles quede en manos de la Casa Blanca, circunvalando así al Congreso norteamericano al que en principio le corresponde el manejo de los aranceles?

Para hacer esta pirueta jurídica, el Gobierno Trump se ha apoyado en la que se conoce como ‘emergency power act’, según la cual cuando se encuentre en peligro la seguridad nacional, el Ejecutivo queda investido de facultades directas para señalar aranceles sin pasar por el Congreso.

Con no poca ironía, Krugman se pregunta si el déficit en la balanza comercial de los Estados Unidos o los muebles que llegarán de la China con aranceles acrecidos serán aceptados por la suprema corte como una amenaza para la “seguridad nacional”. 

Siempre ha habido déficit en el comercio exterior de los Estados Unidos con el conjunto de los países, o con algunos de ellos. Y no hay evidencias de que la seguridad nacional de los Estados Unidos haya estado en peligro por ello. 

Recuérdese que los ‘servicios’ con el resto del mundo es un renglón en el cual los Estados Unidos son ampliamente superavitarios. Pero que no se toman en cuenta en esta discusión sobre la constitucionalidad de los aranceles que solamente se ocupan de las mercancías.

Los “hermosos aranceles” son, pues, el caballito de guerra preferido por el caprichoso señor Trump. Montado en este caballito de guerra ha hecho y desecho el comercio internacional del mundo entero. Ha destruido la confianza comercial entre los países del planeta. Ha sometido incluso a humillaciones y a insultos a infinidad de naciones que no comulgan con sus procedimientos caprichosos. Ha destruido los vestigios del multilateralismo. Y ha demolido las normas jurídicas y las instituciones que desde la segunda posguerra mundial regían ordenadamente el comercio internacional.

Próximamente, la Corte Suprema de la Unión (aunque está conformada a la fecha por jueces que en su mayoría son afectos a Trump) nos dirá quién tiene la razón en éste que constituye el mayor asunto del mundo económico contemporáneo.

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