Saltar a contenido
Miércoles 6 de mayo de 2026
Imagen de perfil de Yohir Akerman
Yohir Akerman

Del desastre al Congreso

En Colombia, algunos corruptos creen que sus escándalos tienen fecha de vencimiento. Que basta con dejar pasar unos meses, cambiar de escenario y colgarse una escarapela distinta para que la memoria colectiva se fatigue. Que el tránsito del desastre al Congreso es solo una cuestión de calendario.

El señor Alexander Angulo Ordóñez parece pensar exactamente eso. Después de aparecer mencionado en uno de los episodios más turbios de la historia reciente de los escándalos, el de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), hoy anuncia su candidatura al Congreso de la República, como si el tarjetón fuera una amnistía moral, o el elector un borrego sin memoria.

No se trata de una opinión nueva ni de un ataque improvisado. En junio de 2024, esta columna documentó, con contratos, certificaciones y reportes oficiales, cómo un funcionario clave dentro de la estructura de contratación investigada por el desfalco ocurrido durante este Gobierno en la UNGRD, no cobraba su salario mientras orbitaba alrededor de los procesos donde se perdieron billones de pesos. Los hechos están escritos. Los documentos existen. Las preguntas siguen sin respuesta.

La investigación reveló que el señor Angulo, persona de confianza de los hoy presos Sneyder Pinilla y Olmedo López, no era un funcionario marginal ni un contratista irrelevante. Es más, la secretaria general de la UNGRD en ese momento, Ana María Castaño Álvarez, fue la encargada de solicitar a la Fiduprevisora la elaboración del contrato en favor de Alexander Angulo. Y el entonces subdirector de la entidad, Sneyder Pinilla, el 4 de agosto de 2023, dejó constancia de la supuesta idoneidad de Alexander Angulo en los trabajos de reasentamiento y gestión predial de familias en zonas de alto riesgo. Envejeció mal la cartica.

%%imagen%%1

En especial porque el 25 de enero de 2024, ya en medio del escándalo, Angulo se dedicó a promover la narrativa de que los incendios ocurridos en Cundinamarca y Santander eran provocados por “enemigos del Gobierno”, amplificando trinos desde una ONG de su propiedad, llamada Refugio Humanitario Internacional, que difundía videos sin fecha, sin contexto y sin verificación. No es la conducta que se espera de un coordinador nacional de reasentamientos en una entidad encargada de gestionar emergencias reales, no teorías conspirativas.

Por eso se puede decir que el señor Alexander Angulo era una pieza funcional dentro de la estructura que operó la contratación más oscura de la UNGRD, como coordinador nacional de Reasentamientos de la entidad, particularmente en los procesos de gestión predial y acompañamiento territorial en zonas donde, posteriormente, los recursos públicos simplemente desaparecieron.

Uno de los hechos más llamativos, y documentados, fue que Angulo dejó de cobrar su salario durante varios meses, pese a tener un contrato activo y a reportar constantes desplazamientos a los mismos territorios donde se ejecutaron contratos multimillonarios hoy bajo investigación. No era una omisión administrativa, era una anomalía estructural. En un país donde la mayoría vive del ingreso mensual, renunciar a la entrada del salario solo se explica cuando la plata está ingresando por otra puerta. 

%%imagen%%2

La investigación también dejó constancia de las inconsistencias en la experiencia laboral con la que Angulo accedió a su puesto en la UNGRD. Certificaciones cruzadas, fechas que no cuadraban y organizaciones que luego resultaron beneficiarias de millonarios recursos públicos hicieron evidente el patrón conocido como yo te certifico, tú me contratas; yo te contrato, tú ejecutas. Un círculo cerrado donde la idoneidad era apenas un requisito de papel.

Me explico. Para poder cumplir con los requisitos legales y entrar a la UNGRD, el señor Angulo documentó tener 189 meses de experiencia laboral con tres empresas. Una de las compañías que le entregó certificación es una organización llamada Cabildo Verde, de Sabana de Torres, Santander.

Como hemos dicho antes, según esa organización, Alexander Angulo se desempeñó como contratista desde el 8 de febrero de 2011 hasta el 15 de enero 2012, bajo la modalidad de contrato laboral a término fijo inferior a un año. Después, del 1° de abril de 2012 al 15 de enero de 2013, bajo la modalidad de contrato de prestación de servicios. Un tercer acuerdo como asistente técnico durante el periodo comprendido entre el 1° de febrero de 2013 y el 30 de diciembre 2015, y posteriormente, del 1° de junio de 2015 al 30 de diciembre de 2017, como coordinador del área social en los proyectos ambientales. Con un detallito, las fechas de las últimas dos certificaciones no cuadran. Lo que sí cuadra es la retribución por las cartas. 

%%imagen%%3

Cabildo Verde recibió un contrato de más de 700 millones de pesos para una olla comunitaria en Rosas, Cauca. De nuevo, la organización de Sabana de Torres, Santander, que certificó con datos que no coinciden la experiencia de Alexander Angulo, recibió cientos de millones de pesos para una olla comunitaria en Rosas, Cauca.

A esto se sumó el rastro de viajes, viáticos y comisiones pagadas con recursos del Estado. Los desplazamientos de Angulo coincidieron de manera inquietante con los municipios donde se perdieron cientos de miles de millones de pesos en maquinaria, volquetas, carrotanques y proyectos que nunca cumplieron su propósito. La geografía del escándalo no era casual, era sistemática.

Sus comisiones coinciden con todos los municipios de Antioquia y Caldas donde se hicieron contratos por más de 20.000 millones de pesos que se perdieron, para horas de maquinaria amarilla y volquetas, en donde presuntamente hay compromisos con el señor Alexander Angulo. Al igual que entre septiembre y noviembre de 2023 hizo seis viajes a La Guajira, mismo periodo de tiempo cuando se desaparecieron los recursos en los carrotanques que nunca llegaron y los jagueyes que nunca se hicieron. El contratista invisible. 

%%imagen%%4

Por eso vamos al principio y es cómo inició esto. Sneyder Pinilla y Alexander Angulo se conocieron en las elecciones locales del 2015, en Sabana de Torres, cuando Pinilla era candidato a la Alcaldía y Angulo aspirante al Concejo municipal, ambos avalados por el partido Alianza Social Independiente. Aunque Pinilla fue elegido alcalde de Sabana de Torres con más de 4.000 votos, gracias al apoyo del Clan Aguilar, Ordóñez no corrió con la misma suerte y se quemó, obteniendo solo 92 votos, ya que era militante del partido Comunes, movimiento político de las antiguas Farc.

Posteriormente, el 1° de marzo de 2018, el señor Alexander Angulo hizo parte de la campaña de 2018 de Olmedo López al Senado, cuando este se lanzó con el presidente Gustavo Petro en la llamada lista de 'Decentes”. Varias fotografías muestran a Angulo abrazado con Olmedo, haciendo campaña con el eslogan: “Honradez y Rectitud”. Si le hubieran puesto a esa lista “Hampones” y la campaña la hubieran promovido con la frase “Crimen e Impunidad”, habría sido más preciso.

Pero volvamos al partido político Comunes, que es el mismo por el cual se lanza ahora al Senado el señor Angulo. Este siempre se ha ufanado de su condición de excombatiente de la guerrilla de las Farc, cosa que no tiene nada de malo, sino es por un detalle y es que Alexander Angulo no figura como firmante del proceso de paz. Ahí sí no tan bueno. Incluso, habla constantemente de su pasado revolucionario, de que sus padres hicieron parte de las filas de la guerrilla y, además, según ha dicho varias veces, que él continúa en el mundo de la revolución.

De pronto, por eso no sorprende que, de acuerdo con testimonios recogidos por esta columna, al menos cuatro personas dentro de la UNGRD aseguran haber sido intimidadas por Alexander Angulo tras el estallido del escándalo, en episodios que nunca fueron denunciados formalmente por temor a represalias. Los relatos coinciden en un patrón de presión y amedrentamiento dirigido a conservar su posición dentro de la entidad. Incluso sin cobrar su salario.

Por esto, el problema de fondo no es una candidatura más, sino el mensaje que se normaliza cuando los expedientes administrativos se reciclan como plataformas electorales. Cuando el desastre y el robo se convierten en trampolín y el Congreso en refugio, la corrupción deja de ser una desviación y pasa a ser un método. Esta historia no termina en una campaña ni se agota en un tarjetón. Esta historia seguirá viva mientras alguien crea que la memoria pública es frágil, que los documentos se borran con consignas y que la política puede usarse para huir de las responsabilidades que la justicia aún sigue por resolver.

@yohirakerman; [email protected]

Finalización del artículo