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Miércoles 6 de mayo de 2026
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León Valencia

La nostalgia pinochetista ataca a Chile

Era previsible que José Antonio Kast ganara las elecciones presidenciales del pasado domingo en Chile. Jeanette Jara, la candidata de la izquierda, hizo más de lo que pudo, igual no le alcanzó. Al final, la diferencia fue la que los expertos pronosticaron, casi veinte puntos. Kast tiene un pasado familiar ligado a la extrema derecha. Su papá, Michael Kast, fue miembro del partido nazi, una información que está probada en un documento del archivo federal de Alemania. Además, su hermano Michael, fue ministro de Economía de Augusto Pinochet y director del Banco Central durante la dictadura. Ante estos cuestionamientos, Kast ha dicho: “La historia familiar nuestra es lo más distante que alguien se puede imaginar del nazismo”, además de sostener que su papá, a los 18 años, en pleno Tercer Reich, no tenía otra opción que enrolarse en la Wehrmacht. 

En medio de las celebraciones que se dieron este domingo en las principales ciudades chilenas, se veía a muchos seguidores del candidato ganador portando retratos del general Augusto Pinochet.

Cuando en Londres fue detenido Augusto Pinochet, en 1998, por delitos que lo implicaban en el genocidio de su dictadura, se creyó, acaso ingenuamente, que la bota militar había sido extirpada de Chile. Desde que asumió el poder, bombardeando el Palacio de la Moneda y traicionando a Salvador Allende, hombre que confió en él, Pinochet inició uno de los regímenes militares más sangrientos que recuerde el continente, con más de 3.000 desaparecidos, 2.000 personas asesinadas y millones de exiliados. 

Los entusiastas de la dictadura veían la represión como un efecto colateral del milagro económico. Bien valía torturar a unos cuantos zurdos y asesinar a otros más, con tal de que Chile no se convirtiera en otra Cuba. El general, borracho ante los elogios de su círculo más inmediato, decidió ir a un plebiscito que mediría el pulso de los chilenos. Daba como un hecho que la gente le diría Sí a la continuidad en el poder. Uno de los promotores del Sí era José Antonio Kast, entonces un abogado recién egresado, quien a sus 22 años creía incondicionalmente en Pinochet. El triunfo del No terminó sacando de la moneda al Gorila y su corte. 

Veintisiete años después, como un vampiro al que no se le clavó bien la estaca, el pinochetismo sale de su tumba. Otra vez el voto-castigo ante las promesas incumplidas de Gabriel Boric resucitó pestes que parecían superadas. Pero, mirando bien la historia del siglo XX, Chile, a pesar de Nicanor y Violeta Parra, de Neruda, Allende y Jara, ya estaba plagada de fascismo. En los años treinta ya existía en ese país un Movimiento Nacional Socialista, liderado por Jorge González Von Marees. Sus integrantes fueron conocidos como ‘Nacistas’ y se cobijaron con el auge que vivían en Europa Mussolini y Hitler, apelando también a demandas sociales y económicas propias de Chile. Con la derrota alemana en 1945, estas ideas se apagaron, pero resucitaron el infausto 11 de septiembre de 1973.

La historia es una serpiente que se muerde la cola. El circulo rige a la humanidad. Otra vez Estados Unidos, que impidió la consolidación de la Unidad Popular a comienzos de los setenta, ha aparecido en el horizonte chileno. La figura de Trump y su narrativa cobra otra víctima en Latinoamérica. La campaña de Kast se apegó a los lineamientos de la exitosa propaganda que difunde Milei. De hecho, pocas horas después de haber ganado la Presidencia, Kast anunció una visita a Buenos Aires este martes 16 de diciembre, en donde se reunirá en la Casa Rosada con su aliado regional, Javier Milei, quien, apenas supo de la victoria de Kast, escribió este mensaje en X: “Enorme alegría por el aplastante triunfo de mi amigo José Antonio Kast en las elecciones presidenciales en Chile, un paso más de nuestra región en defensa de la vida, la libertad y la propiedad privada. Estoy seguro de que vamos a trabajar juntos para que América abrace las ideas de la libertad y podamos liberarnos del yugo opresor del socialismo del siglo XXI”. El mensaje dejó claro que con Kast buscarán unir a la derecha continental, siguiendo una vez más los designios de Washington. 

Los resultados electorales en Chile son una triste alerta para el progresismo colombiano. No hay que confiar ni en los buenos resultados en materia económica que está teniendo el actual Gobierno y que han sido reconocidos por medios tan poco sospechosos de ‘Petro-cepedismo’ como The Economist, ni en las favorables encuestas, ni tampoco en el desorden que ahora padece el uribismo. Todas las fuerzas de la extrema derecha buscarán en segunda vuelta el consenso, un lazo que los una como un haz, como un ‘fascio_’ y en eso han demostrado ser terriblemente efectivos: buscarán un enemigo interno, para señalarlo y sacar a votar a la gente “emberracada”, a punta de fake news. La narrativa de la “_saudade de dictadura” eligió presidente. Desde ya hay que estar preparados para que eso no se repita acá.

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