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Miércoles 6 de mayo de 2026
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Juan Camilo Restrepo

Las razas de Mr. Trump

La persecución de inmigrados en Estados Unidos por Mr. Trump tiene la misma ferocidad que las razias árabes durante la edad Media contra los no creyentes en el islam.

En esta semana se supo que 18.000 detenidos en las grandes ciudades de Estados Unidos ni siquiera tenían en su contra antecedentes legales. El ICE sale a cazar indocumentados sin ninguna fórmula de juicio como quien sale a cazar conejos.

El viejo concepto de asilo ha desaparecido del lenguaje de Washington. El humanitario programa conocido como ‘Reunificación familiar para migrantes’ ha sido suspendido sin fórmula de juicio. La comunidad migrante vive presa del pánico de que alguna arbitrariedad pueda caerle encima. La mayoría de los alcaldes y gobernadores de las ciudades y estados donde estas cacerías están teniendo lugar manifiestan su desacuerdo con la arbitraria arrogancia del Gobierno federal y de la guardia nacional. No pocos jueces y tribunales se han manifestado también en contra. Ya hay faltantes de mano de obra en las comarcas agrícolas, pues los tradicionales recolectores -en su gran mayoría latinos- se está escondiendo aterrorizada para huir de las garras del ICE.

Se han conocido testimonios estremecedores de venezolanos inocentes que han ido a parar a las cárceles de Bukele, sin saber por qué y sin juicio alguno. El Gobierno salvadoreño simple y llanamente ha montado un pingüe negocio con Trump: tanto por detenido que les mande, sin averiguar si el debido proceso se está observando.

Trump pertenece al grupo de personajes que el cono sur de nuestra región llama “atorrantes”. Aquellos que creen que todo les está permitido, y que el debido proceso que una democracia exige no es asunto de ellos. Ha destruido el multilateralismo que era el telón de fondo ante el cual se desarrollaba desde la Segunda Guerra Mundial el diálogo civilizado entre naciones. Dice haber terminado con nueve guerras mundiales, ninguna de cuyas paces está funcionando. Su pasatiempo predilecto ahora es humillar a los europeos tachándolos de caducos decadentes porque no le han acolitado sus planteamientos sobre Ucrania que, como ha venido a saberse, no es más que una réplica segundona de las posiciones imperialistas de Moscú.

Y ahora desde el Caribe –que se ha convertido en el mare nostrum norteamericano- les dispara diariamente amenazas inaceptables a los pueblos de la región, incluido el pueblo colombiano. Nos asigna responsabilidades en el tráfico de narcóticos, que existen por supuesto, pero guarda silencio sepulcral sobre lo poco o nada que están haciendo en el interior de los Estados Unidos para controlar su consumo y perseguir a los grandes capos de este negocio de la muerte.

A medida que se cierra el lazo sobe el Gobierno de Maduro, que tarde o temprano terminará cayendo, aumenta el riesgo para Colombia que los escombros de su caída rueden hacia nuestro país.

El pecado capital de Petro consistió en que no desconoció a tiempo el gobierno chavista de Maduro una vez hubo evidencias de que su elección había sido espuria y tramposa. Los repetidos gestos de amistad, los ofrecimientos recientes de asilo si se concretiza su derrocamiento, y los llamados a un gobierno de unión en Venezuela, no son suficientes para lavar el pecado original de Petro de no haber desconocido a tiempo la legitimidad del Gobierno de Maduro. Como lo hicieron otros países de la región como Chile y Brasil.

El irrespeto continuado de Trump por los DDHH y por el Estado de derecho en las relaciones nacionales e internacionales será el talón de Aquiles de su Gobierno. Y la historia -más temprano que tarde- se encargará de recordárselo.

Entre las razias de Trump y los pecados no purgados a tiempo por Petro, las cosas no van a terminar bien para Colombia ni con Estados Unidos ni con Venezuela.

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