Lo que queda del día
Hace unas mañanas asistí a una reunión política de las miles que se realizan por estos días en el país, para cerrar el año, para agradecer y —especialmente— para pedir. Como estaba sentado de frente al público, tuve la oportunidad de ver sus caras, sus movimientos, sus tics, sus afanes, sus aburrimientos, en fin, sus genuinas reacciones a las palabras del candidato que convocaba.
En realidad, fue una candidata quien —después de los saludos protocolarios de los anfitriones— elaboró un discurso más o menos tradicional, bien construido, ordenado y puntual, que incluso, para mi sorpresa, arrancó un par de aplausos. Fue cuando dijo —en un muy buen tono— que podíamos construir un mejor país entre todos, que debíamos unirnos y que debíamos salir adelante, frases que todos hemos escuchado alguna vez en la vida, aunque en esta ocasión —de pronto por el vibrato y la cercanía de la Navidad— causaron emoción entre los asistentes.
Un mejor país entre todos, suena bonito, aunque la realidad cada vez sea más difícil para muchos en Colombia.
Se nos fue este 2025 tratando de hacer un mejor país. Se nos fue este 2025 huyéndole a las angustias de cada día, tomándonos un tinto por la mañana, perdiendo el tiempo mientras viajamos a los mismos lugares, por los mismos recorridos, tratando de cumplir todos nuestros compromisos, llegando a casa, respirando hondo, en últimas, haciendo país.
Se nos fue este 2025 viendo cómo nuestro país se sigue partiendo en dos, casando peleas ajenas, atacando en redes a desconocidos, defendiendo ideas de otros que ni siquiera los benefician, escuchando candidatos que escupen odio como plan de gobierno, rezando para no ser la siguiente víctima de los hampones reincidentes que pululan en nuestras calles, evitando motos en las avenidas, esquivando bicicletas en los andenes, esperando en el teléfono la milagrosa asignación de la cita médica, presentando la tutela para obtener la medicina, haciendo fila para todo, cuidando los niños mientras aumentan las cifras de abusos contra ellos, volviendo a respirar hondo, en últimas, haciendo país.
Se nos fue este 2025 asistiendo en primera fila al juicio de Uribe y su condena primaria, luego su absolución en segunda y después su coronación en el puesto 25 de una lista cerrada que promete cambiar todo para que todo siga igual. Se nos fue el año viendo la felicidad de Cepeda en la primera, su infinita tristeza en la segunda, y después su proclamación como sucesor del gobierno del cambio, que quiso cambiarlo todo para que todo siguiera igual. Son las dos caras de la misma moneda, lo resumen los bien hablados. La misma vaina, dicen en la calle.
Y si no me creen, pregunten en el Catatumbo, en el Cauca, en el Chocó, en Arauca, en ese país del que todos hablan y que a nadie le importa porque no los afecta, excepto a los que viven allá. Pregúntenles si tienen miedo de que los maten los bandidos o si ya se acostumbraron a convivir con la parca.
Pregunten también en los cinturones de miseria de nuestras ciudades a ver si comieron tres veces al día. O pregunten a los vendedores informales en qué les ha mejorado sus vidas, si pudieron llegar a fin de mes, qué va, si lograron llegar al final del día. No creo.
Se nos fue este 2025 creyéndonos mejores seres humanos porque fuimos a misa. Se nos fue este 2025 viendo al Mesías por televisión menospreciar a su gabinete y a su gabinete menospreciarse entre ellos, se nos fue el año leyéndole pendejadas en su tuiter, (pendejo uno que se las lee), viéndolo refundir verdades con inventos, abusar del coronel Buendía y —en los ratos libres— gobernar para menos de medio país, el de él, el de su lado, el que lo defiende, el que lo justifica, el que lo venera y no admite crítica alguna porque la perfección es la marca registrada del mesianismo.
Se nos fue este 2025 hablando mal del prójimo, escupiendo para arriba, mirando por encima del hombro, ufanándonos de nuestras carencias, diciendo mentiras piadosas, corriendo contra el tiempo en tanto lo perdemos en los celulares, viviendo vidas ajenas mientras perseguimos el viento (como Salomón definía la envidia), en últimas, engañándonos a nosotros mismos, como el par de vagabundos bajo el árbol esperando a Godot y creyendo que llegará mañana.
Se nos fue este 2025 como se fue 2024, como se fue 2023, como se ha ido todo este tiempo tratando de hacer un mejor país, tal vez sin darnos cuenta de que lo estamos haciendo a cada momento y en todo instante, incluso en la agonía de este año, en el final de este mes, en lo que queda del día.
A todos, feliz Navidad.
p**@JaimeHonorio**