Ni una chiva, ni una buena suegra. La ‘noche de velitas’ nos dejó 333 lesionados y 106 niños heridos por pólvora
La ‘noche de velitas’ marca para muchos el inicio de la Navidad. Es una fecha en la que las redes sociales se llenan de fotos idílicas de familias en sus casas, barrios y conjuntos residenciales, encendiendo luces y celebrando una noche de cariño y fraternidad. Eso es lo que se ve en pantalla. Pero la escena en los pabellones de quemados y en las salas de urgencias de los hospitales del país suele ser otra: servicios desbordados por quemaduras asociadas a la manipulación irresponsable de pólvora. El pasado 7 de diciembre no fue la excepción.
El balance preliminar presentado por el Instituto Nacional de Salud fue contundente. Se reportaron 231 personas lesionadas por artefactos pirotécnicos durante la noche de velitas. Sin embargo, al consolidar el corte nacional entre el 1 y el 8 de diciembre, con registro hasta las 2:00 de la tarde del lunes 8, la cifra subió a 333 afectados en todo el país. La advertencia del mismo instituto es clara: este conteo puede aumentar por los rezagos inevitables en la notificación.
La magnitud del problema se evidencia en la dinámica del reporte. Lo que en la mañana del 8 de diciembre eran 279 lesionados acumulados se elevó a 333 horas después, y los casos atribuidos a ‘velitas’ pasaron de 172 a 231. El patrón se repite cada temporada, el impacto real termina siendo mayor que el que muestran los primeros informes.
El dato más alarmante está en los menores de edad. De los 333 casos a nivel nacional, 106 corresponden a niños, niñas y adolescentes. Y hay un elemento que agrava el panorama. En 14 de esos incidentes, el reporte señala que los menores estaban en compañía de adultos bajo el efecto del alcohol. Esto obliga a cambiar el enfoque del debate. El problema no fue solo un artefacto que explotó, sino que también fueron fallas de cuidado y vigilancia en el entorno familiar.
El mapa de afectaciones refleja un panorama complejo sobre cómo se vive esta fecha en las regiones. Antioquia lideró el listado con 50 casos, seguida por Bogotá con 24 y Valle del Cauca con 18. La lista se extiende por todo el territorio, con Cauca 16, Atlántico, Cali, Córdoba y Norte de Santander con 15 cada uno, Cundinamarca 14 y Nariño 13. En ciudades, Medellín reportó 26 casos, Cúcuta 9 y Pasto 7. En cuanto a las heridas, la principal lesión fue la quemadura, con 85,0 por ciento, seguida por la laceración, con 53,0 por ciento. Y el peligro no está necesariamente en los artefactos más sofisticados. Los que más daño causan son los totes, con 31,3 por ciento, seguidos por la categoría otros, con 20,2 por ciento, y los voladores, con 16,9 por ciento. En esencia, la tragedia suele empezar con lo más común y lo más barato.
Aunque en ese corte el Instituto Nacional de Salud no reportó fallecimientos, sí notificó dos casos graves de intoxicación por fósforo blanco en Barranquilla. Ambos en menores hospitalizados, una niña de un año por exposición por vía oral y un niño de 10 años con afectación ocular que derivó en síntomas sistémicos. Es decir, el riesgo de la pólvora no se limita a quemaduras y amputaciones. También existe el riesgo de intoxicaciones.
La mayoría de las personas asocia pólvora con quemaduras, pero las lesiones pueden ser más complejas. Al tratarse de artefactos explosivos, los casos pueden involucrar fracturas y otras afectaciones cuya recuperación es prolongada y costosa. No es exagerado decir que, en muchos pacientes, quedan secuelas permanentes. Y cuando las víctimas son menores de edad, suelen activarse rutas de protección que pueden incluir la intervención del ICBF, justamente por el descuido que queda en evidencia.
Con estas cifras sobre la mesa, el debate debería dejar de ser una discusión moral para convertirse en una exigencia de control real. Quién permite la venta, dónde se distribuye, cuánto se incauta, qué sanciones efectivas existen más allá del reproche público y qué tan preparados están los hospitales para enfrentar estos picos. Si la conversación se limita a repetir el llamado de atención de cada diciembre, el saldo seguirá contándose igual, herido por herido, Navidad tras Navidad.