Paz Total: el balance de un desastre
El reciente informe de Human Rights Watch https://www.hrw.org/es/news/2025/12/05/colombia-los-grupos-armados-someten-a-las-comunidades-en-putumayo sobre la situación de violencia y opresión en el departamento del Putumayo es demoledor. Comienza citando a la directora de la División de las Américas de HRW, Juanita Goebertus, que dice: “Los grupos armados de Putumayo están utilizando las negociaciones de paz como una oportunidad para reforzar su control sobre la población. Mientras las negociaciones de paz se centran en la reducción de los cultivos de coca, los grupos armados imponen sus propias reglas y castigan severamente a quienes las desobedecen”. Se refiere Goebertus a los planes de la Paz Total del Gobierno del presidente Gustavo Petro, que después de tres años y medio de administración no han producido nada distinto a un fortalecimiento de los grupos armados ilegales, así como de los cultivos y la producción potencial de cocaína.
Los reportes recientes de otras entidades como la Fundación Ideas para la Paz https://x.com/ideaspaz/status/1996377565120876732 y el Centro Externadista de Paz https://www.uexternado.edu.co/centro-externadista-de-paz/homicidios-en-el-trienio-del-gobierno-petro-superan-a-duque-y-santos-mas-de-40-000-asesinatos-cuestionan-la-promesa-de-la-paz-total/ disputan la idea difundida por el presidente Petro de que la tasa de homicidios en Colombia ha disminuido. Tanto la FIP como el Externado, con datos oficiales, controvierten esa afirmación. El 2025 ya está peor que el 2024, con 11.327 homicidios con corte a octubre, contra los 10.952 asesinatos de 2024. El reporte del Externado, que recomiendo, dice que durante los primeros tres años del Gobierno Petro se registraron 40.663 homicidios, un aumento de 7,6 por ciento frente al trienio de Duque (37.795) y de 11 por ciento frente a Santos II (36.646), con el promedio anual más alto de la última década (13.554 asesinatos).
Explica que el periodo más crítico fue entre agosto de 2024 y agosto de 2025, con 13.817 homicidios, o sea un asesinato cada 39 minutos, que es además la cifra más alta desde 2014. Este deterioro de la seguridad y la importancia de la vida, en un gobierno que prometió reducir estas estadísticas, tiene un componente de variación territorial: la región Caribe subió sus cifras, sobre todo por las disputas entre el Clan del Golfo, las disidencias, el ELN, las bandas urbanas y las redes transnacionales. Es difícil seguirle la pista a la cantidad de grupos que existen en el país tomado por las bandas mafiosas. Sí, es cierto también que 13 departamentos bajaron sus cifras, incluyendo Antioquia y Nariño. Luego está el caso del Catatumbo, que muestra un deterioro extremo: Tibú pasó de 29 a 129 homicidios y alcanzó una tasa de 187,5 por cada 100.000 habitantes, una de las más altas del país. Bogotá también sube 229 homicidios (+7,1 por ciento) en el trienio y 14,8 por ciento solo en 2024.
Una conclusión del reporte es que la “promesa de la ‘Paz Total’ enfrenta un desafío estructural que requiere acciones contundentes para evitar que esta tendencia continúe arraigándose en los territorios”. Es decir, el candidato del continuismo, el senador Iván Cepeda, tendrá que decidir si quiere seguir con este experimento fallido de la Paz Total, que no solo no ha servido para nada, sino que ha empeorado la situación en muchos territorios que ya antes, justo es reconocerlo, ya vivían situaciones desgarradoras de violencia. Esta semana que pasó un artículo de El País América explicaba, con razón, que el gran talón de Aquiles del candidato Cepeda era, justamente, la inseguridad, tema que muchos colombianos creemos (además del reto fiscal y energético que se viene en 2026) es el más grave y con mayor tendencia a empeorar entre todos los males que nos aquejan.
El reporte de HRW sobre el Putumayo explica, por ejemplo, que las cifras oficiales de homicidios han descendido hasta su nivel más bajo en una década, pero que múltiples fuentes le “dijeron a Human Rights Watch que los grupos armados a menudo obligan a las comunidades a recoger y enterrar los cadáveres de las personas que matan, aparentemente para ocultar los crímenes. Trabajadores humanitarios y autoridades locales afirmaron que los grupos han estado atacando mayormente a líderes comunitarios e indígenas”. He mencionado en esta triste columna tres investigaciones distintas sobre los efectos, evidentemente perversos, de la política de Paz Total. Me parece claro que, a pesar de las ficciones cuánticas y delirantes que se cuenta el presidente Petro y que muchos de sus votantes aún le compran, el debate sobre la seguridad en Colombia es urgente. Habrá que cuestionar sobre ello al candidato Cepeda.