Saltar a contenido
Miércoles 6 de mayo de 2026
Imagen de perfil de María Jimena Duzán
María Jimena Duzán

Trump y el tecno-monarquismo

A la derecha colombiana, tan confiada en que va a volver al poder en 2026 por cuenta de la ola trumpista, le convendría leer a Anne Applebaum, la historiadora y periodista norteamericana que acaba de sacar un nuevo libro sobre las autocracias.

Applebaum —quien tiene fama de ser una voz conservadora— dijo en una entrevista que las medidas autoritarias y populistas adoptadas por Donald Trump en estos primeros meses la llevan a concluir que lo que se está dando en los Estados Unidos no es un cambio de gobierno, sino un cambio de régimen.

Según Applebaum, Donald Trump está desmontando la democracia liberal y la está reemplazando por una autocracia en la que el gobierno estará a cargo de los oligarcas tecnócratas de Silicon Valley, liderados por Elon Musk y su motosierra.

En estos pocos meses que lleva Trump en el poder, los ideólogos de ese nuevo régimen han salido de la sombra y han visto la luz. El primero de ellos es un viejo conocido, Steve Bannon, experto en la perfilación de datos y en difundir teorías falsas conspirativas en las redes. Es temerario y un provocador exitoso. Le sigue el libertario Peter Thiel, el empresario digital fundador de PayPal, y Curtis Yarvin, otro 'tecnorrico' de Silicon Valley que decidió empezar a escribir una serie de blogs en los que desarrolla la idea de que la democracia es un experimento político fallido al que hay que ponerle fin.

Thiel y Yarvin han confesado que ellos se alimentan por igual de la filosofía de Platón y Aristóteles como de las películas de ciencia ficción como Mad Max, La guerra de las galaxias o El señor de los anillos. Las películas les sirven para explicar sus teorías antidemocráticas, como la que habla de que en Estados Unidos debe imponerse el tecno-monarquismo. Ambos son partidarios de abolir el Estado y de instalar en el poder a un Cesar estadounidense.

Peter Thiel sueña con un mundo gobernado por los tecnócratas, en donde los ingenieros desplacen del poder a los banqueros y a los abogados; un mundo en el que no exista el Estado, ni la política de género, ni los inmigrantes, ni las ONG de derechos humanos.

Curtis Yarvin es más radical. En un perfil que hicieron de él en Grand Continent cuentan que Yarvin fue el primer bloguero reconocido como neo reaccionario dentro de esa galaxia de pensadores de la ultra que desde hace un buen tiempo alimenta al espíritu trumpista, cada vez más alejado de la derecha liberal que hasta hace poco dominó el partido republicano.

Yarvin sostiene que desde hace tiempo viene trabajando para convertir al Estado estadounidense en un imperio-startup manejado por los ingenieros de Silicon Valley y en una entrevista para The New York Times afirmó que el triunfo de Donald Trump es el inicio de esta nueva era porque “es el CEO más competente para asumir ese reto”. Yarvin fue uno de los primeros en abogar por acabar con los empleados federales y por eso se ha dicho que el programa que está liderando Elon Musk, que busca reducir el tamaño del Estado, está inspirado en lo dicho por Yarvin. También ha sido especialmente agresivo con The New York Times. Para él, ese medio representa a la prensa progresista que ha sido responsable de haber propagado la narrativa de la cultura woke que impulsa la política de género, considerada por estos ultras como una política que restringe la democracia porque les quita puestos de trabajo y oportunidades a la mayoría blanca del país. “La gente que trabaja en The New York Times debería perder su empleo”, es una de sus frases lapidarias.

Una de sus propuestas más radicales es la de encarcelar a las personas improductivas y ponerlas en aislamiento permanente con una interfaz de realidad virtual en su celda que les permita pasar el resto de su vida en un mundo feliz que solo existe en su mente.

Si no fuera porque el vicepresidente J.D. Vance y Elon Musk mencionan con frecuencia en sus discursos el pensamiento y los escritos de Curtis Yarvin y de Peter Thiel, estos gurús no pasarían de ser unos fantoches.

La derecha colombiana, que tanto le preocupa la propiedad privada y que ahora aboga por la defensa del Estado de derecho y la independencia de los poderes, debería pensar muy bien cómo es que se va a mover en las aguas de esa nueva derecha cuyo máximo símbolo es la motosierra. Puede que a Milei y a Musk les haya servido esa motosierra para mostrar su compromiso de cortar gastos y achicar el Estado, pero en Colombia esa estética no funciona. Aquí las motosierras fueron un arma de guerra utilizada por los paramilitares para trocear a sus víctimas antes de echarlas al río. Muchos colombianos inocentes murieron de esa manera. Si la derecha la adopta como símbolo, reviviría memorias que no le conviene despertar.

El cambio de régimen que se está dando con Trump es tan loco y tan descabellado, que hace ver el despelote del gobierno Petro como un juego de niños y, en cambio, sí puede terminar afectando a los candidatos de la derecha como Vicky Dávila.

Finalización del artículo