Petro, el estigmatizador
“Mirémonos de cerca, la estigmatización mata”. Ese es el lema de la nueva campaña que el Gobierno acaba de sacar a través de la Agencia de Reinserción y Normalización. Su objetivo es el de prevenir la estigmatización que se sigue ejerciendo en contra de los firmantes de paz, pese a que abandonaron la lucha armada hace nueve años.
Aunque la campaña está dirigida principalmente a romper el estigma que pesa sobre los firmantes de paz, su mensaje está dirigido a todos los colombianos para que miremos al otro a los ojos y le reconozcamos su humanidad, en lugar de cosificarlo y desecharlo, porque por ese camino “la estigmatización mata”.
Es un alivio que exista una agencia en el Gobierno preocupada por exponer los efectos de la estigmatización, pero si no montan en ese carro al presidente Petro desde ya, la campaña puede convertirse en un fiasco.
Para sorpresa mía, Gustavo Petro se ha convertido en un jefe de gobierno que maltrata a sus propios colaboradores y en un gobernante que recurre a la estigmatización para desacreditar a quienes no le bajan la cerviz. En el famoso consejo televisado estigmatizó a sus ministros de izquierda, les dijo que eran unos sectarios y les dejó claro que en su gobierno no tenían cabida; a casi todos los ministros que le han servido los ha sacado con trinos que los desprestigian y en otros casos los ha retirado de sus carteras como quien quita o pone una ficha en un tablero. Es decir, los trata como desechables y ni las gracias les da cuando los bota. Ni siquiera tuvo clemencia con el exdirector de Prosperidad Social, Gustavo Bolívar, a quien dejó por el suelo porque no asistió a una reunión debido a que estaba a punto de renunciar a su cargo para aspirar como candidato presidencial por el Pacto Histórico. De nada le sirvió a Bolívar decirle que lo amaba, porque de todos modos Petro le dio su coscorrón y acabó con su candidatura.
La estigmatización ha sido una constante en la historia pasada de Colombia porque ha ido de la mano de la narrativa que forjó la guerra. En el pasado, la derecha la usó para asesinar a periodistas y a políticos que denunciaron los atropellos de la fuerza pública y su contubernio con los narcos. Uribe calificó a los periodistas que lo cuestionamos y a los magistrados que investigaron la parapolítica como auxiliadores de la guerrilla. Ser de izquierda era hasta hace poco un estigma en Colombia y, por eso, el triunfo de Gustavo Petro significó tanto para la democracia porque rompió ese karma y permitió que un político que había sufrido la exclusión y la discriminación llegara a la casa de Nariño.
Por eso sorprende que Petro, que conoce de estigmas, empuñe ahora esa espada y la utilice sin ningún reparo ético ni moral. A Vicky Dávila, que no es santa de mi devoción, le dijo que era la 'Muñeca de la Mafia' y a mí me dijo que yo hacía un periodismo 'Mossad', porque escribí una investigación contra su entonces protegida Laura Sarabia. A pesar de que he denunciado el genocidio en Gaza y he hecho muchos pódcast sobre el tema, en las redes y en los eventos a los que asisto hay activistas que me señalan de asesina y no me bajan de sionista cuando nunca lo he sido. Repito: no soy sionista, pero tampoco antisemita.
Las ideas que han marcado a la izquierda tienen que ver con el respeto por el otro, y con el reconocimiento de la dignidad del otro. Sin embargo, en este gobierno de izquierda, Petro se ha comportado como un gobernante que irrespeta al otro. Su costumbre de no llegar nunca a las citas y de dejar a las cortes, a los embajadores y a presidentes plantados, demuestra el desprecio por el tiempo del otro. Nada de eso es de izquierda.
Ervin Goffman, un sociólogo de origen canadiense que se dedicó a estudiar los efectos del estigma en quienes han sido blancos de ese flagelo, dice que muchos de los que han sido víctima de la estigmatización la terminan interiorizando hasta el extremo de que se les convierte en un trauma. El presidente debería ser el primero en mirar a los ojos del otro, como dice la campaña a ver si sale de esa ceguera y de esas ganas de incendiarlo todo.
La estigmatización es un arma del poder y Petro la está usando. Cuando alguien es etiquetado, se le impone un prejuicio adquirido. Se le borra su identidad real y se reemplaza por lo que la narrativa imperante quiere que sea: un peligro para la sociedad, una mala hierba o una cosa despreciable e inhumana que se puede matar. Por eso, toda persona que crea en la libertad, en la igualdad, en la justicia social y en los derechos humanos debe denunciar la estigmatización, venga de donde venga.