Miguel Uribe Turbay, ¿un crimen perfecto?
Quienes decidieron matar a Miguel Uribe Turbay y pagaron para que le dispararan en Bogotá tienen todo para pensar, al menos hasta hoy, que cometieron un crimen perfecto.
Desde su solapada trinchera estarán disfrutando de la capacidad especulativa de algunos políticos sobre los presuntos determinadores del magnicidio con el que lograron estremecer a Colombia entera. Y se estarán deleitando aún más con los señalamientos y el intercambio de descalificaciones que han provocado entre varios políticos, encabezados por Álvaro Uribe y Gustavo Petro.
Hasta ahora, los asesinos del precandidato presidencial Miguel Uribe han logrado lo que cualquier criminal busca: confundir. Además, si uno de sus propósitos era exacerbar la polarización del país, definitivamente lo consiguieron.
Casi todos los grupos armados y criminales colombianos han sido mencionados como presuntos autores intelectuales del asesinato: las disidencias de ‘Iván Mordisco’, una supuesta ‘junta del narcotráfico’ con base en Dubái, el Clan del Golfo, la Segunda Marquetalia –fundada por el exjefe de las Farc, Iván Márquez¬– y el ELN.
Además, el crimen organizado de Ecuador, pues según varios medios, el conductor del vehículo que transportó al menor que le disparó al senador del Centro Democrático le habría dicho a la Fiscalía que alias El Costeño –ya capturado y acusado de organizar la logística del ataque del 7 de junio– tenía relaciones con el criminal ecuatoriano conocido como ‘El Churco’, señalado de participar en el asesinato del candidato presidencial de ese país, Fernando Villavicencio.
Las especulaciones sobre el ataque a Miguel Uribe afloraron desde el comienzo. Apenas horas después de ocurrido, la precandidata presidencial Vicky Dávila, que citó una fuente de inteligencia, le adjudicó el hecho a alias ‘Iván Mordisco. Y luego, el también precandidato presidencial Daniel Quintero se lo atribuyó al Clan del Golfo, basado en la información de una fuente que no mencionó.
Por el lado del Gobierno, el presidente Petro mencionó temprano como posible responsable del crimen a la que ha llamado “junta del narcotráfico”, y la semana pasada incluyó entre los sospechosos al ELN.
Finalmente, y sin duda con información emanada de investigaciones, el director de la Policía, general Carlos Fernando Triana, y el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, han sumado a las hipótesis a la Segunda Marquetalia.
El hecho es que entre más amplio el abanico especulativo de algunos políticos, que resuena y se reproduce en las redes sociales, más protegidos por la impunidad se sienten los verdaderos autores intelectuales del asesinato de Miguel Uribe.
Las instituciones encargadas de esclarecer el magnicidio, la Fiscalía y la Policía, trabajan en varias líneas de investigación, lo cual es a la vez aprovechado por algunos políticos para alimentar la incertidumbre. Esto, por supuesto, favorece a los verdaderos culpables.
En todo caso, en medio de las distintas hipótesis es pertinente preguntarse qué pasaría con los jefes de la Segunda Marquetalia o los del ELN, que se refugian en Venezuela con conocimiento del régimen de Nicolás Maduro, si llegara a confirmarse que una de esas dos organizaciones ilegales es la responsable del asesinato del precandidato presidencial.
¿Estaría dispuesto el régimen chavista a entregarlos, en sintonía con la supuesta cooperación militar entre Colombia y Venezuela para combatir el narcotráfico en la frontera, anunciada recientemente por Petro?
Nunca el Gobierno de Venezuela aceptará que refugia a jefes de grupos armados comprometidos con el crimen en Colombia, pero según confirmó la semana pasada el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, el asesinato del jefe militar de la Segunda Marquetalia, José Manuel Sierra Sabogal, alias Zarco Aldinever, mencionado como uno de los posibles determinadores del crimen contra Miguel Uribe, ocurrió en territorio venezolano a comienzos de agosto, en medio de una disputa con el ELN por un cargamento de cocaína.
Esperemos que en Colombia el magnicidio del precandidato presidencial, que ha estado acompañado de tanto ruido político y mediático, no se termine convirtiendo en un crimen perfecto, como tantos otros en la larga historia de violencia del país.
Hay que exigirles resultados concretos a los investigadores y hay que dejarlos trabajar.