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Lunes 4 de mayo de 2026
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Marisol Gomez

Colombia, México y relaciones peligrosas

El reciente y brutal asesinato en México de dos colombianos dedicados a la música y conocidos en el mundo artístico como B-King y Regio Clown se ha robado la atención de los medios de comunicación, algo lógico si se consideran las connotaciones del caso. 

Cuando ambos eran considerados todavía como desaparecidos, el presidente Gustavo Petro pidió ayuda para localizarlos a su homóloga mexicana, Claudia Sheinbaum, pero, además, el cónsul de Colombia en ese país, Alfredo Molano, ha dicho que, según los indicios, el doble homicidio habría sido cometido por estructuras criminales “muy poderosas”.

Esto hizo de este hecho de violencia contra nacionales en territorio mexicano el más vistoso en los últimos tiempos, pero, en realidad, el caso forma parte de una serie de crímenes ocurridos en medio de la creciente y variada gama de negocios en los que se han venido encadenando los narcotraficantes colombianos y mexicanos. Es una expresión del multicrimen trasnacional en toda su dimensión.

Al tráfico de cocaína, que desde los años 80 propició estrechas alianzas entre los carteles colombianos y mexicanos, las mafias de los dos países le han sumado en los últimos años muchas otras actividades ilegales. Y del portafolio de negocios hacen parte también el tráfico de migrantes, la prostitución, los préstamos ‘gota a gota’ y el reclutamiento de mercenarios en Colombia para trabajar para los grupos criminales que operan en México.

No sería extraño que los asesinatos de B-King y Regio Clown acabaran revelando que las mafias de aquí y de allá estuvieran utilizando a jóvenes del mundo de la música, a las buenas o a las malas, para impulsar algunas de sus actividades delictivas. Esto es algo que investigan las autoridades de México.

Lo que por ahora se puede decir con certeza es que, como suele ocurrir en el mundo de las organizaciones y rentas criminales, las amplias relaciones de negocios entre las mafias colombianas y mexicanas se han traducido en frecuentes desapariciones y muertes violentas de nuestros nacionales en ese país.

A raíz del caso de Bayron Sánchez (B-King) y Jorge Luis Herrera (Regio Clown), el cónsul Molano ha conversado con varios medios de comunicación y ha dado cifras escalofriantes que dan cuenta de esta situación. Según dijo, en lo que va de 2025 han muerto de manera violenta en México 38 colombianos, y otros 56 han desaparecido.

Y el año pasado, según el cónsul, las muertes violentas de colombianos en ese país llegaron a 72 y 170 fueron reportados como desaparecidos.

Es difícil saber cuántos de ellos acabaron enredados en actividades ilegales después de engañosas promesas de empleos. En esas cifras hay muchos colombianos inocentes, incautos, soñadores, que creyeron que en México encontrarían una oportunidad para mantener a sus familias con trabajos en la economía legal.

Hay otras actividades en ese país que están claramente ligadas al crimen organizado. Por ejemplo, en mayo pasado, 11 exmilitares colombianos fueron detenidos en el estado de Michoacán por la muerte de ocho integrantes del Ejército mexicano durante un ataque con explosivos.

Habían llegado a México en el año 2023 contratados por narcotraficantes de ese país para reforzar sus estructuras armadas para enfrentar a grupos rivales y a la fuerza pública.

Pero de la ampliación del portafolio criminal y de las consecuencias que esto ha traído para ciudadanos colombianos hay noticias más viejas. Como una de noviembre de 2015, cuando los cuerpos de cinco connacionales fueron hallados con signos de tortura en una vivienda en el estado de Veracruz. Se supo en su momento que habían viajado para emplearse como cobradores de los préstamos ‘gota a gota’.

Es evidente que hay relación de vieja data entre organizaciones ilegales colombianas y mexicanas y que las autoridades de los dos países no han logrado contrarrestar ese fenómeno que, sin duda, cada día es más complejo y diversificado. Ya no se trata únicamente de tráfico de cocaína.

Por sí solas, las rentas del multicrimen no parecen haber despertado de manera suficiente la atención de las fuerzas de seguridad en Colombia y México, pero la violencia que la consecución y preservación de esos activos ilegales está provocando debería ser el punto de inflexión para una acción decidida y coordinada entre los dos Estados contra las mafias que la están provocando. Podría aprovecharse la buena relación que hay entre Petro y Sheinbaum.

Es ya muy notorio que esas mafias se han ido tomando cada vez más espacios, aquí y allá, en la medida en que se han convertido en alternativa de empleo para muchos colombianos.

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