Interoperabilidad: el motor de la transformación financiera
El sistema financiero colombiano sigue demostrando un impresionante dinamismo. Basta con consultar las cifras más recientes disponibles, proporcionadas por la Superintendencia Financiera de Colombia, para darse cuenta de que el camino de la historia financiera de los colombianos hoy está ligado, indiscutiblemente, a la digitalidad.
Lo demuestran los números del primer trimestre de 2025, que indican que los canales no presenciales fueron la vía para que se realizaran 82,4 por ciento de los 5.300 millones de operaciones en el sistema financiero nacional en dicho periodo. De ellas, igualmente, 66 por ciento se realizaron a través de aplicaciones móviles y por internet.
Se trata de cifras que ratifican que los colombianos han transformado la forma en la que interactúan con su plata y el rumbo que les dan a sus finanzas, pero, además, que demandan que sus productos y servicios financieros sean digitales, ágiles y estén siempre a la mano.
A partir del 14 de julio comenzó la implementación en Colombia de Bre-B, el sistema de pagos inmediatos e interoperable impulsado por el Banco de la República: se trata de una evolución muy importante para la industria, pues permite realizar transferencias entre personas y negocios sin importar la entidad, lo que sienta las bases para una banca más abierta, inclusiva y eficiente. De ahora en adelante, los usuarios del sistema financiero no tienen un banco a su disposición, sino a la banca entera.
Y aunque la interoperabilidad no es un asunto nuevo en Colombia, pues existen casos probados de éxito como el sistema de códigos QR interoperables, Transfiya y el ejercicio de pagos inmediatos de Redeban que facilitó hacer pedagogía para lo que ahora será Bre-B, otros referentes externos de este modelo nos permiten ver su aporte en el desarrollo de negocios, el flujo de caja y la incorporación de más personas y empresas a la economía formal. Por ejemplo, está el caso de Brasil, donde mensualmente se registran 4.400 millones de transacciones, 148 millones de personas y 14 millones de empresas hacen uso de este modelo.
En este camino, para los bancos, neobancos, fintechs, pymes y emprendedores tecnológicos la interoperabilidad será un componente neurálgico, pues en un país en el que las barreras sociales y geográficas aún limitan el acceso a los servicios financieros, esta será la base de un ecosistema más interconectado que impulse la digitalización del efectivo, la inclusión financiera y la confianza. Todo bajo los principios de competitividad responsable dentro del sistema financiero.
Con esto en mente, y ahora que los colombianos han registrado más de 28 millones de llaves en Bre-B para comenzar a usarlas en las siguientes semanas –recordemos que faltan aún algunos días para comenzar a transferir plata por este sistema–, vale la pena preguntarse cuál es el paso que debemos dar para que esta visión se siga consolidando.
Primero, debemos continuar en el camino de crear confianza. Un sistema nuevo necesita de la suma de voluntades, lo que se logra con una masificación cuidadosa, un compromiso permanente con entregar información veraz y poniendo a los usuarios en el centro de la experiencia. Esto será clave en los próximos días con la carga de llaves en Bre-B, en la que se les asignará llaves a los cuentahabientes de todas las entidades financieras para que las tengan a su disposición y no lleguen tarde a esta nueva manera de mover la plata.
A su vez, la educación será la clave de todo. Así como el sistema financiero se está preparando, es fundamental que las personas sigan aprendiendo sobre este modelo. Así se sentirán seguros al utilizar estos servicios, en especial porque Bre-B requerirá que las personas aprendan a manejar las llaves. Y la pedagogía de los actores y del Banco de la República será fundamental para evitar fraudes y abusos.
Otro elemento indispensable es consolidar una infraestructura tecnológica sólida que responda a las necesidades de los usuarios, comparando sus expectativas con lo que les estamos ofreciendo como entidades.
Finalmente, debemos seguir impulsando sinergias entre los actores del sistema, pues así lograremos generar soluciones más eficientes y diversificadas que no solo aumenten el acceso a los servicios financieros, sino que promuevan un desarrollo inclusivo y sostenible para todos.
Así pues, la interoperabilidad no es solo una cuestión técnica, sino un verdadero cambio cultural que requiere la colaboración de todos. Si logramos generar confianza, educar conscientemente a los usuarios y construir una infraestructura robusta no solo transformaremos el acceso a la banca, sino que también daremos un paso adelante en la misión de empoderar a los colombianos en el movimiento de sus recursos.