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Lunes 4 de mayo de 2026
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Yohir Akerman

Amor, terror y TikTok

Detrás del ostentoso romance que dos jóvenes presumen en redes sociales, se esconde una oscura trama de violencia que abarca desde Santa Marta hasta Riohacha. Este rastro de sangre está ligado a extorsiones, narcotráfico, asesinatos selectivos y la lucha por el control territorial en el departamento de La Guajira.

Naín Andrés Pérez Toncel, el narcoinfluencer conocido con el alias de Bendito Menor, quien fue objeto de esta columna en febrero de 2025, y Rosa Angélica Tarazona, alias Bebecita, exhibían su relación con ostentación en Facebook, Instagram y TikTok. Allí mostraban lujo desmedido e impunidad ante miles de seguidores, en las que se presentaban opulentas fiestas, fajos de dinero, costosas cuatrimotos y armas de alto calibre. Una forma de exponer la delincuencia como un rápido camino para el éxito y el reconocimiento social.

A diferencia de los capos tradicionales, Naín y la Bebecita no operaron desde el silencio ni el bajo perfil. Construyeron poder a plena luz, en tiempo real y con algoritmo a favor. TikTok no fue un accesorio, fue una herramienta estratégica.

Los videos de la Bebecita, algunos superando con facilidad las 200.000 reproducciones y otros acercándose o superando el millón, no solo mostraban amor y lujo. Normalizaban el delito como proyecto de vida y convertían la violencia en espectáculo aspiracional. En territorios históricamente abandonados por el Estado, donde la autoridad llega tarde o no llega, esa narrativa digital tiene efectos reales. No es entretenimiento, es pedagogía e idealización del mundo criminal.

Cada like es una forma de validación simbólica. Cada reproducción refuerza la idea de que el poder no se alcanza con estudio, trabajo o legalidad, sino con fusiles, negocios ilegales, dinero rápido y desafío abierto al Estado. 

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La verdad es que alias el Menor y su Bebecita conformaron una alianza que definió la operatividad del grupo criminal Los Pachenca, que se autodenominan las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada (ACSN). Desde ahí representan el terror para comerciantes y operadores turísticos en la Troncal del Caribe, vía que Naín se da el lujo de cerrar cuando quiere, para competir con sus potentes motos de alto cilindraje, las armas de alto calibre y las cadenas de oro que exhibe en sus videos. Apenas supera los 25 años, pero es el hombre más temido en La Guajira, un departamento conocido históricamente por ser muy violento.

Él es el encargado de las extorsiones y ella de las finanzas. Una pareja que generó rentas ilegales que podrían alcanzar los 10.000 millones de pesos mensuales y consolidaron el control territorial, e incluso político, en los municipios guajiros de Dibulla, Albania, Hatonuevo, Barrancas, y en barrios populares de Riohacha, donde impartieron su propia ley, sin resoluciones ni juicios.

Una fuente de la región le dijo a esta columna que alias el Menor opera como “la Dian de la cocaína en La Guajira. Cobra 1.000 dólares por kilo en bodega y 2.500 dólares por kilo embarcado, coronen o no. Y el que no le pague, lo mata y tortura a su familia. Su gran éxito es que todas las organizaciones criminales le pagan el derecho a puerto y esto lo ha logrado no solo por sus salvajes métodos, sino porque también tiene serios vínculos con políticos de la zona”.

El Menor es el terror de la región. El trágico caso de Shelsy Navarro, una niña de solo tres años, y su asesino es una muestra. Ella fue hallada muerta el pasado 10 de diciembre por la comunidad, tras una angustiosa búsqueda en Mingueo, Dibulla. El señalado del crimen, un adolescente de 14 años apareció luego con signos de tortura, castrado y decapitado, después de que alias el Menor hizo una publicación en Facebook: “Gracias a la rápida reacción de mis perros, mis hijos, ya ellos saben qué hacer con el cerdo ese”.

Aún así, en abril de 2025, Naín fue nombrado oficialmente vocero de paz por la administración de Gustavo Petro para los diálogos de Paz Total con las ACSN, lo que implicó la suspensión temporal de sus órdenes de captura. Es importante aclarar que, para ese momento, el gobierno nacional y la opinión pública ya conocían los salvajes métodos y negocios ilegales de este personaje y su grupo. 

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Por lo mismo, en agosto del año pasado, respondió a esta iniciativa y a su rol de gestor de paz con una masacre en la Punta de los Remedios, Dibulla, donde resultaron muertas cuatro personas. A raíz de este hecho, el Gobierno elevó la recompensa por su captura de 100 a 500 millones de pesos. Destructor de Paz.

Tarazona, por su parte, trascendió rápidamente de su rol de compañera sentimental para convertirse en la pieza financiera y logística más importante de Naín. Tras su viralizado compromiso en las paradisíacas playas a los pies de la Sierra Nevada, a mediados de 2025, la Bebecita fue capturada el 26 de septiembre. Pese a su peligrosidad, un juez le otorgó el beneficio de casa por cárcel el 8 de octubre, para desconcierto de la Fiscalía. Desde entonces, está prófuga.

El año nuevo trajo renovados bríos para alias el Menor. El 9 de enero, fue señalado como el autor intelectual de la masacre de Maicao, un crimen donde cinco personas fueron ejecutadas en el barrio Altos del Parrantial. A esto se sumó una controversia a nivel nacional cuando publicó un video, acompañado de casi una decena de hombres exhibiendo armamento de alto calibre, amenazando al presidente Gustavo Petro, diciendo que lo iba a picar. Al notar la repercusión, el Menor usó Instagram para desmentir el video, alegando suplantación de identidad para sabotear los diálogos de paz. 

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El caso de alias Naín es, quizá, el ejemplo más acabado de cómo la figura de los gestores de paz terminó siendo mal concebida, peor ejecutada y peligrosamente distorsionada por el gobierno de Petro. Pensada para facilitar desescalamientos reales de violencia, esta herramienta se aplicó sin criterios claros, sin verificación efectiva de compromisos y sin exigir el abandono previo de economías ilegales ni del control armado del territorio.

En la práctica, el Estado no solo suspendió órdenes de captura, sino que otorgó reconocimiento político y oxígeno operativo a peligrosisimos jefes criminales en plena expansión, que siguieron extorsionando, matando y, en el caso de alias Bendito, exhibiendo poder mientras ostentaba un rol institucional. Bendito sea mi Dios.

El mensaje fue devastador. No hacía falta dejar las armas para dialogar ni desmontar estructuras para ser interlocutor. Bastaba con controlar la violencia suficiente como para volverla negociable. Lo ocurrido después, masacres, amenazas públicas, desafío abierto al presidente y una narrativa criminal amplificada por redes sociales, no fue una traición al proceso, sino la consecuencia lógica de un diseño que confundió paz con indulgencia y negociación con renuncia a la autoridad del Estado.

Cuando el Estado abdica de su autoridad simbólica y política, la violencia no desaparece, se adapta, se ordena y se fortalece. La negociación mal diseñada no desactivó el conflicto, lo congeló mientras el crimen ganó tiempo, legitimidad y visibilidad. En La Guajira, ese error dejó un paréntesis de impunidad que permitió a las estructuras armadas exhibirse, expandirse y desafiar abiertamente al poder institucional, incluso con amenazas públicas de picar al presidente. Hasta que la realidad terminó imponiendo lo único que siempre ocurre cuando la paz mal pensada fracasa, la fuerza tardía como último recurso.

Es por esto que unidades del Gaula de la Décima Brigada de la Primera División del Ejército se movilizaron la noche del pasado 14 de enero a la zona rural de Dibulla, tras intensos enfrentamientos por tierra y aire contra Los Pachenca, con el objetivo de dar con el paradero de Naín y la Bebecita. Más vale Gaula que nunca.

El despliegue confirmó que el cerco se estaba afianzando. Se rumoró incluso la muerte de ella, se habló de heridas graves en él y quedó claro que el temor del cabecilla ya no era paranoia, sino realidad. El operativo puede marcar el fin de esta etapa, pero no repara el daño causado por haberle entregado un papel de paz a una persona que solo conoce de violencia.

Por esto, solo quedan los muertos, los territorios sometidos, los jóvenes que aprendieron a admirar al criminal antes que a temerle y un Estado que llegó tarde a casi todo. El amor y el terror exhibidos en TikTok no solo fueron el retrato de una pareja, ni de lo que es capaz un capo. Es la postal de un país donde la violencia se volvió contenido, la impunidad, espectáculo, y la autoridad, una promesa frágil. Cuando el crimen dicta la narrativa y el Estado apenas reacciona, la paz total no fracasa con un estallido, sino que se disuelve en un silencio espeso, cargado de miedo, que se parece demasiado a la derrota. Incluso aun cuando la historia de amor y terror de la Bebecita y el Bendito Menor está próxima a su fatídico final. Fracaso Total.

@yohirakerman; [email protected].

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