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Miércoles 6 de mayo de 2026
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Jorge Espinosa

Cepeda ante el espejo venezolano

El 4 de diciembre de 2025,  el Gobierno de Estados Unidos publicó la Estrategia de Seguridad Nacional, una especie de guía ideológica que delineaba claramente las prioridades, preocupaciones y retos de la administración del republicano Donald Trump en materia de política exterior. Era el regreso de la histórica Doctrina Monroe, creada en 1823 para frenar la colonización europea en América pero que terminó siendo reinterpretada por Estados Unidos como una justificación para intervenir en América Latina y convertir a nuestro continente como “patio trasero” del tío Sam. En la Doctrina Monroe estuvo, por tanto, el respaldo las acciones violentas y directas que Estados Unidos usó en Cuba y en Chile en los años 70. 

El mundo, repetían los analistas del conflicto, no era ya aquel de los 70 y los 80, y era improbable que Estados Unidos invadiera a Venezuela. Tal vez faltó considerar, como lo afirmó el secretario de Estado, Marco Rubio, en la conferencia de prensa después del derrocamiento de Nicolás Maduro, que Trump no es un hombre de discursos y cartas, sino de acción. Y esa acción estaba, sin mencionarlo de manera literal, en el documento que el 4 de diciembre de 2025 revivió la Doctrina Monroe. El presidente Trump, en su discurso horas después del arresto de Maduro y su esposa Cilia Flores, justamente decía: “La Doctrina Monroe es muy importante. Y la hemos superado con creces. Ahora la llaman la Doctrina Donroe”. Ese documento, que es público y tiene un capítulo completo sobre el hemisferio occidental, explicaba que la nueva doctrina de Estados Unidos consistía en “Enlistas y Expandir”. 

Sí, “enlistar aliados regionales para controlar migración y narcotráfico, combatir carteles, asegurar rutas marítimas y fortalecer estabilidad; y expandir la red de socios para que Estados Unidos sea el socio económico y de seguridad preferido”, como explicaba el diario El País. Esa estrategia, literalmente, hablaba de una mayor presencia naval y de Guardia Costera, así como despliegues focalizados de fuerzas estadounidenses. No se mencionaba específicamente a Venezuela (ni a ningún otro país de América Latina, salvo México, que se menciona dos veces), pero las señales de lo que venía estaban allí. Días antes, los medios de los Estados Unidos publicaban que Trump daba autorización a la CIA, que desde agosto tenía hombres en Venezuela, para que operaran en ese país. Muchos pensamos, y evidentemente estábamos equivocados, que todo esto se quedaría en meras amenazas vacías. 

No creo que así lo creyera el presidente Gustavo Petro, que siempre ha mantenido una actitud ambigua con respecto al dictador venezolano Nicolás Maduro. Sí, nunca reconoció formalmente a ese Gobierno que se robó las elecciones del año pasado, pero solo hasta hace unos días se atrevió a llamarlo dictador. Ahora, en las primeras horas posteriores de la caída de Maduro y su esposa Cilia Flores, en Colombia deberíamos preguntarnos varias cosas, pero yo quiero plantear dos interrogantes: ¿cómo operará el ELN ahora que el régimen que les brindaba protección y apoyo logístico ha colapsado? Esa guerrilla, ya lo decía un reciente informe de Insight Crime https://insightcrime.org/es/investigaciones/el-futuro-del-eln/ es hace rato una guerrilla binacional. Y la segunda: ¿cómo se mostrará el candidato Iván Cepeda ante lo que ha ocurrido? Por un lado, Cepeda se considera a sí mismo un hombre de paz, lo que lo obliga a condenar, como ya hizo en un trino el sábado, la “agresión de Estados Unidos en Venezuela”. Y por el otro, ha sido históricamente un aliado del proyecto socialista de Hugo Chávez y luego de Nicolás Maduro, a quien en algún momento llamó un digno sucesor de Chávez https://x.com/IvanCepedaCast/status/310409987086225409. El candidato Cepeda, que yo recuerde, nunca ha condenado directamente el robo electoral que Maduro ejecutó de forma implacable en Venezuela en el 2024, como sí lo ha hecho ahora con la operación de Trump en Caracas. 

Entonces, me parece, la pregunta para Cepeda es una: cómo mostrarse como lo que es, un hombre con un discurso de paz y, al tiempo, un candidato que es capaz de condenar, sin matices, la dictadura que el régimen de Maduro impuso en Venezuela. ¿Acaso no es cierto que muchos colombianos que apoyarán a Cepeda en las elecciones en Colombia son, también, opositores al chavismo y al madurismo? ¿Qué pasa si, de cara a las elecciones, se deja ver como un defensor de la dictadura? ¿Afectaría su campaña a la Presidencia? El argumento para Cepeda ya lo han dado, entre otros, algunos medios liberales en Estados Unidos: estas acciones de Trump en Caracas corren el riesgo de legitimar el expansionismo de potencias autoritarias como China y Rusia y de repetir la lógica de arrogancia estadounidense que desembocó en la invasión de Irak en 2003, que el propio Trump tanto criticó en su primera campaña a la Presidencia. 

En cualquier caso y más allá de esta calentura inmediata, es preocupante que América Latina, con la nueva Doctrina “Donroe”, vuelva a ser vista como nada más que el patio trasero de Estados Unidos, y como el laboratorio de experimentos que Trump y sus asesores quieren implementar como ejemplo y castigo para el resto del mundo.

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