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Viernes 8 de mayo de 2026
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Juan Camilo Restrepo

De la Doctrina Monroe al ‘gran garrote’

Con la avalancha de noticias, entrevistas y opiniones en torno a la extracción de Maduro de Venezuela por parte de los servicios de inteligencia estadounidenses, se han desempolvado los orígenes de las dos principales doctrinas que han estado vinculadas a estas arrogantes arbitrariedades promovidas por Trump recientemente.

Cuando el presidente Monroe expone su famosa teoría, los países de la América del sur y centro américa acababan de acceder a la independencia. Y en Europa se conformaba la llamada ‘Santa Alianza’, que no fue otra cosa que el grupo de potencias europeas de cuyas manos se había escapado el control de los países independientes. 

Los Estados Unidos tenían especial interés en que los propósitos de la Santa Alianza no prosperaran, o sea, que las guerras de reconquista fracasaran.

De allí que la teoría Monroe resultara de gran utilidad para los Estados Unidos que, con ella, lograba distanciar a países como Francia, España y la misma Gran Bretaña, de aspiraciones imperiales en las tierras americanas. Las cuales, en teoría, quedaban alinderadas como el patio trasero de la naciente potencia de la región: los Estados Unidos. 

La Doctrina Monroe fue postulada por el quinto presidente de la Unión, James Monroe, y tiene muchas facetas según las conveniencias del momento en que se formulan. Pero la más conocida es aquella de ‘América para los americanos’, que, con el correr del tiempo y de las circunstancias, debería llamarse más bien: ‘América para los estadounidenses’.

Las mismas jornadas de reconocimiento político de las nuevas repúblicas –que tomaron varios años- y el cual fue, recuérdese, la gran obsesión de Simón Bolívar, tuvieron su muro de contención en la Doctrina Monroe. El Libertador siempre ambicionó que la Gran Bretaña fuera la primera en reconocer la independencia de las nuevas repúblicas, pero esta ambición siempre chocó con la renuencia de los Estados Unidos que, con la Doctrina Monroe procuró ahuyentar las aspiraciones británicas de las costas americanas. Puesto que América era ‘para los americanos’ y no para la pérfida Albión. 

Naturalmente, los empeños de establecer una especie de cordón sanitario a las potencias europeas de las tierras americanas con la Doctrina Monroe tuvo apenas una aplicación limitada. Recuérdese, por ejemplo, la invasión francesa a México y la creación del malogrado imperio de Maximiliano que terminó con su fusilamiento en el cerro de Las Campanas de Querétaro. Y así como Napoleón III prestó oídos sordos a los postulados de la teoría de Monroe, otras potencias europeas que formaban la Santa Alianza también desoyeron, en múltiples ocasiones de siglo XIX, la famosa teoría de ‘América para los americanos’ cuentas veces fue necesario. 

A medida que los Estados Unidos fueron fortaleciendo su armada de guerra, en la misma medida fueron también abriendo sus apetitos imperiales. La guerra contra España en la que ésta perdió sus últimas colonias (Cuba, Puerto Rico, Filipinas), y el descarado despojo a Colombia de Panamá, son un buen ejemplo de cómo ia teoría Monroe pasó de ser un postulado de que América no era para los americanos sino otro bien diferente: que América era para los Estados Unidos.

Theodore Roosevelt le dio un tono adicional a la Doctrina Monroe cuando le agregó un apéndice tomado de un proverbio africano, según el cual “habla pasito, pero lleva un pesado garrote por si es necesario”…. Y, así, de ser una pacifica doctrina, el postulado Monroe pasó a ser una agresiva arma dentro de un nuevo colonialismo.

Ahora Trump ha mezclado todo en un indigesto discurso: la teoría Monroe se ha desempolvado con una agresividad inusitada, y del hablar pasito que aconsejaba T. Roosevelt siempre y cuando llevara escondido un gran garrote, ha vuelto a salir a la luz. Solo que ahora hablándole duro a todo el mundo y blandiendo con insolencia el inmenso garrote del poderío militar estadounidense.

La teoría Monroe y el gran garrote se han reunido bajo la égida de Trump en una aguerrida actitud, irrespetuosa de los derechos internacionales, de la libre decisión de los pueblos.

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