Del desfile en Tiananmén a la operación en Caracas
El 3 de septiembre de 2025, China conmemoró los 80 años de la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial. El desfile, visto en todo el mundo, se transmitió con una realización cinematográfica que cuidó cada plano y cada detalle para mostrar, con la mayor claridad posible, el enorme poderío militar chino, su orgullo nacional y su condición de cultura milenaria.
Xi Jinping apareció flanqueado por Vladímir Putin y Kim Jong-un, “invitados de honor” en un evento en el que los líderes occidentales más importantes se destacaron por su ausencia.
Fue la primera vez que Xi, Kim y Putin fueron vistos juntos en público, pero, además de su imagen en Tiananmén, el arsenal exhibido por los chinos dejó a más de uno con la boca abierta.
China mostró por primera vez su músculo nuclear, un paquete completo con capacidad de lanzamiento desde tierra, mar y aire.
Misiles intercontinentales terrestres como el DF-5C y otros misiles balísticos intercontinentales móviles (ICBM) como el DF-61 y el DF-31, un misil balístico lanzado desde submarino, el JL-3, y un misil nuclear lanzado desde el aire, identificado como Jinglei-1 o JL-1. Alrededor de ese bloque nuclear, mostró misiles hipersónicos y antibuque, misiles de crucero como el CJ-20A, drones aéreos y submarinos, sistemas antidrón con láser y con microondas de alta potencia, además de equipos no tripulados llamativos como el ‘lobo robot’ armado.
Además del armamento, los desfiles y las coreografías de tropas entrenadas parecieron querer enviar un mensaje claro a Occidente. China no está sola y cuenta con el poderío suficiente para disuadir y atacar a gran escala.
Este mensaje se dio en un escenario en el que China reclama la reunificación de Taiwán y crea alianzas estratégicas con diferentes países del mundo a través de la Ruta de la Seda, un plan global lanzado en 2013 con el que se financian y se construyen puertos, vías, trenes, energía y conectividad digital en decenas de países.
Sin que nadie le preguntara, pero claramente aludido, Trump respondió. Lo hizo a través de Truth Social, con un mensaje dirigido a Xi: “Por favor, envíele mis más cordiales saludos a Vladímir Putin y a Kim Jong-un, mientras conspiran contra los Estados Unidos de América”.
Cuatro meses después, el 3 de enero de 2026, Estados Unidos exhibió su propia demostración de poder. La diferencia es que no fue en una plaza emblemática, ni con cámaras registrando los mejores ángulos. Fue una operación militar, la extracción de Nicolás Maduro y su esposa, con un despliegue que mostró poderío en el aire, guerra electrónica, inteligencia en tiempo real y un volumen operacional poco común: más de 150 aeronaves, entre aparatos de ala fija, helicópteros y sistemas no tripulados, según el mismo reporte.
Además, cazas furtivos F-35 y F-22 para controlar el cielo, EA-18G Growler para bloquear radares y comunicaciones, B-1B para capacidad de golpe a distancia, KC-135 para sostener el tiempo de vuelo, helicópteros como los MH-60L para penetración y extracción, Chinook para carga, Apache para apoyo cercano, satélites y el dron RQ-170.
Sin embargo, tal como lo reveló la agencia Reuters, el Departamento de Defensa no confirmó un manifiesto completo del equipo utilizado, una opacidad que parece ser parte del mensaje.
La falta de un listado oficial completo de equipos y capacidades usados en la operación abrió la puerta a especulaciones que se han regado en redes y en algunos medios sensacionalistas, desde presuntas “armas sónicas” hasta “tecnología secreta nunca antes vista”, pasando por teorías sobre apagones, interferencias y herramientas cibernéticas de una complejidad y avance tecnológico desconcertante.
Hay un aire de Guerra Fría, con la lógica de bloques, poder de disuasión y competencia por la influencia, pero esta vez la razón principal no está ligada a motivos ideológicos, sino económicos.
China, con su desfile, exhibió dos cosas al tiempo: tecnología y alianzas. Estados Unidos, con la extracción, exhibió otra, que aún tiene capacidad de imponer superioridad operativa en lo que considera su vecindario.
Lo peligroso de este clima, que parece ir subiendo de temperatura, es que el poderío se comunique por medio de demostraciones. Y ahí siempre la pregunta será: ¿cuál va a ser el siguiente paso?
América Latina, otra vez, queda en un lugar complejo. Para China, la región es mercado, infraestructura y minerales. Para Estados Unidos, se trata de su barrio, en el que no está dispuesto a admitir competidores.
Es fácil advertir que vendrán presiones más fuertes en decisiones internas de nuestros países.