El mal ejemplo cunde
El presidente Daniel Noboa del Ecuador se ha convertido en uno de los más aventajados alumnos del presidente Donald Trump en América Latina. El hecho de que haya resuelto abrir fuegos contra Colombia utilizando el arma de los aranceles es muy dicente.
Mi impresión es la de que la respuesta del Gobierno de Gustavo Petro ha sido equilibrada, y salvo en lo que se refiere a la suspensión de las ventas de energía eléctrica (que no había necesidad ni motivo para anunciarlas justamente el mismo día en que se respondió al anuncio trumpista de Noboa de imponerle a Colombia aranceles del 30 por ciento) el resto de las medidas se han ajustado a la moderación requerida en esta delicada materia.
Recuérdese que el presidente Noboa estuvo recientemente en Washington y seguramente compartió con su nuevo jefe ideológico lo que tenía en mente para sancionar a su vecino colombiano.
Esto no va a salir bien. Noboa, lo mismo que Trump, tendrá que dar marcha atrás y con algún pretexto anunciar que se suspenden las sanciones arancelarias contra Colombia. Los aranceles no son un instrumento, como se lo ha inventado Trump, para dirimir sus diferencias ideológicas con otros países o grupos. El recurso a los aranceles tiene unos propósitos muy claros en el ámbito del comercio exterior. Y nada más.
El comercio entre Colombia y Ecuador es lo suficientemente grande como para que no se le trate con seriedad. Constituye el sexto país de destino de nuestras exportaciones. Y nada sería más grave en estos momentos que se escalara una guerra comercial entre estos países hermanos como son Colombia y Ecuador. Hay muchas empresas grandes, medianas y pequeñas que pueden caer heridas de muerte con este capricho trumpista del que ha empezado a hacer gala el presidente ecuatoriano.
En una misión que me correspondió dirigir en el Ecuador durante los tiempos de las negociaciones con el ELN, y cuya sede facilitó el gobierno ecuatoriano amablemente, pude darme cuenta de primera mano del buen sentido de cooperación que prevalece entre los altos mandos colombianos y ecuatorianos para coordinar la lucha contra el narcotráfico que, evidentemente, se ha hecho cada vez más difícil tanto en el Pacífico como en nuestra frontera común.
Si hay puntos para mejorar o afinar esa cooperación binacional puede hacerse perfectamente. Sin recurrir como acaba de hacerlo el Ecuador al peligroso juego de iniciar la guerra de aranceles entre los dos países. Hay mucho que perder y muy poco que ganar con ello.
Pero lo que resulta definitivamente reprochable es que el presidente Noboa haya prendido la mecha de los aranceles en las relaciones entre los dos países. Al estilo Trump. Sin tener ni la fuerza ni la capacidad para echar atrás sus decisiones como sí la tiene el flamante e irresponsable presidente de Estados Unidos.
Bastantes problemas tenemos en la región para que nuestros mandatarios empiecen a jugar el peligroso juego de aprendices de brujo con los aranceles patentado por el presidente Trump.