El protectorado ambiguo
En el siglo esplendoroso del colonialismo, que fue el XIX, era de usanza que los países dominantes impusieran protectorados en las áreas dominadas. Así lo hizo España en Marruecos, Francia en Argelia, Inglaterra en el medio Oriente árabe.
Ahora Trump –en un neocolonialismo peculiar– ha declarado un protectorado de los Estados Unidos sobre Venezuela, pero sui generis: dice que mantendrá el control, pero por un tiempo que no define; y lo que es más extraño: deja el poder intacto del madurismo en cabeza de la vicepresidente Rodríguez, y mantiene las estructuras del chavismo como si no hubiera pasado nada.
¿Qué busca Trump? Nadie lo sabe a cabalidad. Ya ha empezado a tomar disposiciones de carácter económico, como la de vender una cantidad de barriles importantes a la China, a un precio definido por los estadounidenses, pero sin que haya claridad a qué fondo y propósito entrará el producido de estas ventas de crudo. Ya ha llamado –Trump– a una gran cumbre de las principales petroleras operando o que han operado en Venezuela, y cuyo objeto es ver cómo se reparten la riqueza de los hidrocarburos venezolanos. Y aparentemente cómo echan para atrás las nacionalizaciones de la industria petrolera venezolana decretadas desde los tiempos de Carlos Andrés Pérez.
Los bandazos de la administración Trump son sorprendentes. A pesar de haberlo repetido machaconamente durante los meses anteriores de que el Clan de los Soles era la principal organización terrorista y narcotraficante, ahora, inesperadamente, sale con el sorprendente anuncio de que ni son terroristas ni son narcotraficantes.
Después de tener evidencias al canto de que Corina y González fueron despojados arbitrariamente de los resultados electorales que le eran ampliamente favorables al segundo (las actas nunca se exhibieron), ahora sale con la no menos extraña afirmación de que María Corina Machado, la premio Nobel de Paz, no tiene autoridad política para manejar a Venezuela, mientras que la señora Rodríguez sí la tiene. ¿Quién le otorgó al señor Trump autoridad para hacer semejante afirmación? El gran pecado de Petro fue no haber reconocido tajantemente a tiempo la ilegitimidad del certamen electoral de julio de 2024.
Es el lenguaje de los protectorados de coloniales del siglo XIX, que ahora envuelve Trump de una extraña manera con la que no se sabe exactamente qué es lo que quieren los Estados Unidos. ¿Cuántos meses o años se van a quedar ejerciendo el protectorado en Venezuela? ¿Van solo por el petróleo y se disponen a dejar intacto y operativo el régimen chavista? ¿Ya que detuvieron a Maduro, se van a quedar callados sobre las tropelías que hizo el anterior régimen y los millares de presos políticos que sufren aún en las cárceles de ignominia que montó Nicolas Maduro? ¿Es, entonces, un protectorado solamente para la económico, pero que se hace el de la vista gorda con las violaciones humanas? Con Trump todo puede suceder.
Las semanas que vienen van a ser cruciales para Colombia. ¿El Gobierno Trump va a ser tolerante con la protección al ELN que sigue prestándole el Gobierno venezolano? ¿Si el Gobierno Petro va a seguir con un tono camorrista con relación a Trump, cuáles son los riesgos de que éste reaccione con brusquedad? Los interrogantes son muchos. Hasta ahora solo se ha completado la acción quirúrgica (aunque con algunos muertos) para extraer a Maduro y a su señora. Todo el resto de la historia está aún por terminar de contarse.