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Lunes 4 de mayo de 2026
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Jorge Espinosa

Entre Washington y la cocaína: las incómodas decisiones de Petro

Esta semana pasaron dos cosas distintas pero que están relacionadas entre sí. Primero, se supo que el Gobierno de Gustavo Petro, a pesar de las declaraciones y promesas que hacía cuando era candidato, también usaría la aspersión con glifosato. Volverá, dirán los cercanos al Gobierno, pero de un modo distinto, menos peligroso para los campesinos, los cultivos de uso legal, el agua y la flora y fauna. Es verdad que se hará con drones, y que es más fácil controlar los efectos nocivos de un químico que algunos países, como Alemania, han prohibido en usos privados y públicos. Sin embargo, es imposible no relacionar el cambio de opinión del Gobierno, que comenzó a ambientar desde hace meses el ministro del Interior Armando Benedetti y el propio presidente Petro, con las tensiones crecientes con Estados Unidos. Algunos congresistas del Pacto Histórico, cuando estaban en la oposición, decían que no era posible volver a usarlo y otros como Petro criticaban ferozmente al presidente Duque por plantear su regreso y por arrodillarse a las imposiciones del Gobierno de Estados Unidos.

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Pues bien, es ahora el Pacto Histórico, que prometió ni una sola gota de glifosato si llegaba al gobierno, como pueden ver ustedes acá, el que comenzará a usarlo de nuevo en algunos municipios del Cauca. Se sabe que ya tiene autorizaciones ambientales de la ANLA y que, como dijo el secretario de Gobierno del Patía, Óscar Piamba, a Caracol Radio, nadie les consultó. Es evidente, como decía el Pacto Histórico antes de llegar al poder, que Petro se ha rendido ante las presiones del amenazante e impredecible Donald Trump, y que necesita dar como un hecho el regreso de la aspersión aérea de glifosato antes de su reunión con Trump el 3 de febrero próximo. Se sabe, además, que este punto será central en el encuentro y que el secretario de Estado, Marco Rubio, insistirá en que es fundamental que además de acciones militares concretas, como los bombardeos que Petro enumeró en la llamada telefónica con Trump, vuelva la aspersión. Una cosa es hacer campaña, y otra bien distinta sentarse encima de esa bestia ingobernable que es Colombia.

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Lo segundo que pasó es que el presidente Petro, al comentar una columna del profesor Jorge Restrepo, dio una noticia que se veía venir: el Gobierno colombiano dejará de usar la metodología de Naciones Unidas para contabilizar el número de hectáreas cultivadas de coca y el polémico concepto de la Producción Potencial de Cocaína. Ese contrato con la UNODC de Naciones Unidas, que Colombia paga anualmente, se venció en diciembre y este anuncio del presidente pone en duda su continuidad. Recordemos que Petro lleva meses acusando a la agencia de la ONU de inflar artificialmente las cifras de producción potencial de cocaína. Y que esta pelea va más allá de lo técnico: el Gobierno Petro sostiene que estos datos, más 300.000 hectáreas de coca y 3.000 toneladas de producción potencial de cocaína, alimentaron la narrativa de Donald Trump contra Colombia e influyeron en decisiones como la descertificación. El presidente Petro, en cambio, defiende el sistema de monitoreo satelital permanente de la Policía, que reporta menos hectáreas de coca que la ONU, y cree que el país debería asumir directamente la tarea de medición.

Una pregunta importante, entonces, es esta: ¿qué impacto tendrá esta decisión del Gobierno de dejar de contratar el sistema de monitoreo de la UNODC en la reunión del presidente Petro con el presidente Trump? ¿Tendrá alguno? Recordemos que Trump ha sido desde siempre, y en este segundo periodo mucho más, un enemigo frontal del sistema multilateral que representa Naciones Unidas (nada más esta semana, como estaba anunciado, Estados Unidos dejó de pertenecer a la Organización Mundial de la Salud). Dos fuentes del Gobierno, una de la Cancillería y otra del ministerio del Interior, le dijeron a este columnista que no es probable que Trump esté enterado de estos detalles, a diferencia de Marco Rubio, pero que por eso la fumigación y las acciones militares pueden darle un respiro a Colombia.

Seguramente, las dudas metodológicas que el Gobierno Petro ha señalado en los informes de la UNODC tienen méritos estadísticos y académicos, y está bien que se pueda fortalecer, con cooperación internacional, un método más preciso para medir y entender la dimensión del fenómeno del narcotráfico. En cualquier caso, es evidente que los grupos armados ilegales solo se han fortalecido por cuenta del fracaso estruendoso de la Paz Total, y que el Gobierno que venga deberá enfrentar el dilema de tratar a estos ejércitos mafiosos empoderados como rebeldes con causas, o como organizaciones delincuenciales enriquecidas por la minería ilegal y el narcotráfico.

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