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Miércoles 6 de mayo de 2026
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Mauricio Cabrera

Se necesita una consulta del centro

La única posibilidad de que en las próximas elecciones presidenciales no se repita la polarización del 2018 y el 2022, y el país se vea obligado a tener que escoger entre los extremos de la izquierda y la derecha, es que candidatos progresistas como Sergio Fajardo, Claudia López, Juan Fernando Cristo o Luis Gilberto Murillo no vayan divididos a las elecciones y encuentren una fórmula para escoger uno solo de ellos que vaya a la primera vuelta. Una consulta abierta el 8 de marzo es el mejor mecanismo para hacerlo.

Los extremos picaron en punta

La izquierda y la derecha han tomado una clara ventaja al haber decidido hacer una consulta el 8 de marzo para escoger a su candidato. No solo porque van a ir unificados a la primera vuelta, sino porque las consultas tienen un efecto multiplicador pues el ganador emerge con un impulso político que más allá del resultado inmediato. El caso reciente de Iván Cepeda lo demuestra pues su victoria en la consulta del Pacto Histórico no solo lo posicionó como candidato, sino que le dio visibilidad y credibilidad frente a la opinión pública. Ese “viento de cola” es un recurso invaluable para cualquier aspirante que busque llegar a segunda vuelta.

Además, las consultas tienen un efecto de arrastre y retroalimentación en las elecciones parlamentarias: los candidatos jalonan las listas de los movimientos que los respaldan y estas listas movilizan votantes a favor del candidato que las representa y porque generan ingresos económicos para los candidatos y sus campañas a través del mecanismo de reposición de votos.

Como si esto fuera poco, este año hay un escenario diferente a todas las consultas anteriores porque por primera vez se va a entregar a todos los votantes para Congreso (unos 20 o 21 millones) un tarjetón con las consultas. Si en la consulta votaran solo la mitad de los electores de congresistas, tendríamos 11 millones de votos que se repartirían entre Cepeda y Paloma, es decir que cada uno de ellos arrancaría campaña para primera vuelta con 5 o 6 millones de votos.

Las consultas de los extremos ya tienen ganador casi asegurado: Cepeda por el apoyo de Petro y Paloma Valencia por la inteligente jugada de Uribe de meterla en una consulta que originalmente era de candidatos de centro-derecha, pero que traicionaron sus ideas en una decisión que debe tener a Luis Carlos Galán protestando en su tumba ,a Juan Manuel Santos decepcionado de sus ministros y a los próceres liberales lamentándose del viraje a la derecha de su partido.

Es cierto que la derecha todavía tiene un problema difícil por resolver, que es el abogado del testaferro de Maduro, que no va a participar en la consulta, pero no hay que ser ingenuos y pensar que no encontrarán una fórmula para solucionarlo.

La consulta como camino para recuperar el centro

Ante este escenario los candidatos del centro no tienen ninguna posibilidad, porque hasta ahora van a ir divididos a la primera vuelta y porque no van a tener el impulso de la consulta. Además en las próximas 8 semanas van a estar desparecidos de los medios y las redes sociales que se van a concentrar en las elecciones parlamentarias y en las campañas y debates de los 11 precandidatos que si van a participar en consultas.

Sin embargo, no todo está perdido. Hay un camino para que el centro vuelva a tener un espacio político y que un candidato progresista, alejado de la polarización, vuelva a ser una opción viable en la primera vuelta de mayo y pase a la segunda vuelta con altas probabilidades de ganar la presidencia, como dicen las encuestas. Ese camino tiene dos etapas.

La primera es que Sergio Fajardo, Claudia López, Juan Fernando Cristo y Luis Gilberto Murillo (y de pronto algún otro) se reúnan, conversen y anuncien al país que están dispuestos a encontrar un mecanismo para elegir entre ellos un solo candidato que se presente a la primera vuelta. Esto no parece difícil.

El mismo Fajardo dijo hace unos cuatro meses que el empezaría la campaña solo ,pero que en diciembre o Enero hablaría con otros candidatos para ver si unían. Posiblemente también estaba pensando en algunos nombres de la centro-derecha como Cárdenas, Oviedo o Luna, pero estos prefirieron buscar cobijo en las toldas del uribismo y la derecha.

La segunda es definir el mecanismo de selección, que en mi opinión debe ser una consulta abierta la misma fecha de las otras, es decir el 8 de marzo. Fajardo también ha dicho que prefiere una encuesta, pero hay argumentos poderosos a favor de la consulta además del ya mencionado “viento de cola” que impulsa al ganador.

Desde el punto de vista político, anunciar en este momento una tercera consulta sería un terremoto político que opacaría los anuncios de los 9 candidatos que se han sumado a la gran alianza de la derecha. Además las consultas generan participación ciudadana y narrativa política: el Centro “sale a la calle” a escoger su candidato. A diferencia de las encuestas, las consultas refuerzan la legitimidad pues el ganador no solo es el que tenga un porcentaje más alto en una muestra aleatoria, sino el más votado en un proceso abierto, lo que genera “momentum” electoral.

En lo cuantitativo, la consulta del Centro tiene una gran probabilidad de obtener un significativo número de votos, muchos más que la Coalición de la Esperanza en 2022. Ante todo por el hecho ya mencionado de que 21 millones de votantes van a recibir obligatoriamente un tarjetón, pero según las encuestas hay un alto número de votantes (por lo menos el 40%) que no quisieran votar por ninguna de las consultas de los extremos, pero si la única opción en ese tarjetón son estas, van a terminar votando por la que les infunda menos miedo, o no votando.

Ofrecer, en el mismo tarjetón, a estos independientes una tercera alternativa distinta de los extremos les puede evitar el dilema de tener que votar “por miedo a”; esto no solo le quitaría votos a las consultas de los extremos sino que atraería a más votantes. Además hay un efecto de arrastre y retroalimentación con las elecciones parlamentarias pues los candidatos jalonan las listas de los movimientos que los respaldan, y estas listas movilizan votantes a favor del candidato que las representa.

Organizar una tercera consulta el 8 de marzo vuelve a posicionar al Centro frente a otras fuerzas políticas. Tanto la izquierda como la derecha han entendido que las consultas son mecanismos de legitimación y movilización, y si el Centro renuncia a este instrumento y opta por encuestas internas, corre el riesgo de aparecer como un bloque débil, sin músculo ciudadano, ni narrativa de unidad. Es el mejor mecanismo para llegar a la presidencia y no continuar con la polarización que le está haciendo tanto daño al país.

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