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Miércoles 6 de mayo de 2026
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Federico Díaz Granados

De un pájaro las dos alas

A finales de los años ochenta cayó el muro de Berlín. Dos años después se desintegró la Unión Soviética y el Gaobierno de George Bush (padre) intensificó el bloqueo comercial a Cuba. Así, en los noventa, con las utopías derrumbadas llegaban las canciones de la Nueva Trova Cubana y los innumerables eventos de solidaridad con la isla infinita. Eran los días del Periodo Especial y, una vez más, el arte, la música y la literatura sostenían una nación a través de sus relatos.

Había un disco que me gustaba mucho. Siempre fui más cercano a la música de Silvio Rodríguez, pero me gustaba el compilado de Querido Pablo en el que Pablo Milanés cantaba algunos de sus temas emblemáticos en compañía de sus amigos cantautores de América Latina y España. Una de mis canciones favoritas era Son de Cuba a Puerto Rico en la que Milanés decía que “_Mas tarde una voz amada / Gritó con mucha razón / Cuba y Puerto Rico son / De un pájaro las dos alas”. Y más adelante cerraba “Puerto Rico, ala que cayó al mar / Que no pudo volar / Yo te invito a mi vuelo / Y buscamos juntos el mismo cielo_”.

Ayer, por alguna libre asociación, mientras veía a Bad Bunny en su intervención en el intermedio del Super Bowl, me puse a recordar esta canción a propósito de los días que corren. ICE persigue y asesina migrantes latinos en los Estados Unidos, el cantante puertorriqueño se toma el más importante espectáculo televisivo del mundo y Cuba, cada día más asediada, suspende vuelos y operaciones en el aeropuerto José Martí por falta de combustible. Pensaba entonces en un Son de Puerto Rico a Cuba, así a la inversa, y puse a sonar otra vez el disco de Querido Pablo.

La fiesta de los Estados Unidos era una celebración del cuerpo, el ritmo y una identidad que durante décadas había sido relegada a los márgenes y la periferia. Bad Bunny cantando en español era un gesto político en este tiempo y ante los ojos de millones de espectadores en el mundo. Pero era imposible ver la noche y las luces de bengala, fuegos artificiales y pensar en los apagones y escasez de Cuba. Pero, si como dice Milanés, “Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas” ¿por qué esos destinos tan diferentes cuando se trata de política y no de su identidad y su cultura? Una vez, invitado por la gran Mayra Santos Febres, fui al Festival de la Palabra, en San Juan, y me recordó, como se recuerda a los viejos y hondos amores, a La Habana. Me sentía en La Habana vieja y comprendía el sentido y significado de la canción de Pablo Milanés y de tantos poetas que han nutrido desde los versos aquella hermandad.

Cuba y Puerto Rico sobreviven a huracanes todos los años y se levantan, una y otra vez, en medio del desastre: reconstruyen casas, rehacen rutinas, inventan futuro donde parecía no haberlo. Por eso siguen siendo “de un pájaro las dos alas”: islas atravesadas por la historia colonial, por la dependencia económica, por la migración forzada y, aun así, obstinadas en no renunciar a su voz. En ese mismo linaje simbólico se inscribe el gesto de Bad Bunny cuando llevó la cultura latinoamericana y el español al centro del espectáculo más visto del planeta sin pedir permiso y sin cambiar el acento como una afirmación. Su aparición no cancela las heridas de las islas, pero las visibiliza y las pone en el mapa del mundo. Las dos alas para volar un cielo que parece cerrado.

Por supuesto, la respuesta no tardó y desde la Casa Blanca se afirmó en las redes sociales: “El espectáculo del medio tiempo del Super Bowl es absolutamente terrible, uno de los peores de la historia” y luego agregó: “Nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo, y el baile es repugnante, especialmente para los niños pequeños que lo ven en todo Estados Unidos y en el resto del mundo”. Pero ese mundo aplaudía este triunfo cultural. Y regresé a mi disco de Milanés, pensando en mis amigos cubanos, porque esta música iba más allá de un viaje sonoro entre dos islas que han sido fundamentales no solo para la conformación de nuestra identidad latinoamericana, sino como una gran metáfora del Caribe como territorio compartido de afectos y de pérdidas.

Son de Cuba a Puerto Rico habla de un ir y venir constante, de una identidad que no se fija en una frontera ni en una bandera, sino en el ritmo de la historia compartida. Escucharla hoy, mientras las imágenes del Super Bowl circulan por todos los medios, produce una incomodidad necesaria. Cuba y Puerto Rico como las dos alas de un mismo pájaro condenadas a no volar plenamente mientras una de ellas permanezca herida. La canción nombra los muertos, la tarea inconclusa y los caminos bloqueados, pero insiste en una ética del acompañamiento (“_por donde salgas yo salgo_”) que convierte la música en un pacto moral. Porque no se trata de nostalgias trasnochadas sino de memoria histórica y solidaridad humana. Mientras Cuba esté herida, el Caribe estará incompleto.

Un ala del pájaro brilló anoche ante los ojos del mundo. La otra ala permanece a oscuras, asediada. Y, sin embargo, en una casa sin luz en La Habana, o en Borinquen, alguien aplaudía a Bad Bunny frente a una pantalla o un transistor. Allí también había una promesa. La música nos recuerda que está por encima de las aduanas y fronteras y puede sobrevivir a los bloqueos y censuras. La imaginación es más poderosa. Cuba y Puerto Rico siguen intentando volar en un cielo que parece cerrado, sosteniéndose una a la otra, como pueden, como saben, desde la memoria y la dignidad.

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