Gustavo Petro frente a Donald Trump: el giro forzado en la política antidrogas
Más allá de lo que ocurra hoy en la Casa Blanca durante el esperado encuentro entre los presidentes Gustavo Petro y Donald Trump, hay algo que ya es un hecho: el viraje que dio el mandatario colombiano en su política original para combatir el narcotráfico.
Obligado por las circunstancias, en primer lugar, la violencia desatada por los grupos armados ilegales en Colombia y, en segundo lugar, la ofensiva militar del gobierno de Trump contra los narcotraficantes, Petro tuvo que ceder en tres puntos fundamentales: la fumigación de cultivos ilícitos con glifosato, las acciones conjuntas con Estados Unidos contra las organizaciones criminales y la extradición de narcos inmersos en diálogos de paz con el Gobierno.
Antes, el mandatario colombiano se había opuesto abiertamente a estas tres herramientas que forman parte fundamental de la política de drogas prohibicionista y represiva impulsada por Estados Unidos durante más de medio siglo.
A las aspersiones con glifosato de cultivos de hoja de coca, Petro se refería antes como “la política de la muerte” porque ese herbicida “envenena” el agua, la tierra y a los seres humanos. Incluso, había dicho que en su Gobierno no habría “una sola gota de glifosato sobre las tierras” de la “patria”.
Pero el presidente colombiano le abrió la puerta al uso de ese herbicida el año pasado, cuando le pidió a la Corte Constitucional reconsiderar su sentencia sobre la prohibición de asperjar los cultivos ilegales con glifosato. “Allí donde la ciudadanía ataque al Ejército, habrá fumigación aérea”, escribió Petro el pasado 8 de septiembre en X.
Y en diciembre, el entonces ministro de Justicia, Andrés Idárraga, anunció fumigación con glifosato en el Cauca, usando drones.
Petro, además, cedió a algo que se había resistido: la cooperación estrecha con Estados Unidos para combatir, “de manera conjunta”, a grupos involucrados en el narcotráfico, incluido el ELN, según confirmó el ministro del Interior, Armando Benedetti, al referirse a la conversación telefónica que sostuvieron el 7 de enero Trump y Petro, en la que se pactó el encuentro personal de los presidentes que tiene lugar este martes.
Aceptar la participación estadounidense en el combate al ELN y a otros grupos armados dedicados al tráfico de drogas ha sido un tabú histórico para la izquierda latinoamericana. Y el hecho de que Petro la acepte, marca un giro radical con respecto a la política de drogas que quiso implementar al inicio de su mandato y que pretendía cambiar el paradigma de prohibicionismo por el de la regulación de los estupefacientes y por el del tratamiento del consumo como un problema de salud pública.
Por otro lado, el presidente dio un vuelco en su política de suspender la extradición de criminales que participan en diálogos de paz con su Gobierno. El pasado domingo, Petro le ordenó al saliente ministro de Justicia extraditar de manera inmediata a Estados Unidos a alias Pipe Tuluá, jefe de la banda criminal La Inmaculada –con presencia en el Valle–, quien aspiraba a entrar en conversaciones de paz. Dos días antes, le había dado diez días de plazo al cabecilla Geovany Andrés Rojas, alias Araña –de la disidencia de las Farc conocida como Comandos de Frontera–, para demostrar su compromiso con la paz total erradicando 15.000 hectáreas de hoja de coca en el Putumayo. De lo contrario, dijo Petro, reactivaría su proceso de extradición a Estados Unidos.
Para el mandatario colombiano, la reunión de hoy con el presidente estadounidense es un asunto de supervivencia, y así lo ha dejado ver. En una entrevista con Telemundo reconoció que temía que le pasara lo mismo que a Nicolás Maduro y dijo que se estaba construyendo una operación militar en su contra similar a la que concluyó con la “extracción” del chavista de Venezuela.
Cuando el periodista de Telemundo le preguntó a Petro si su futuro dependía del presidente Trump, respondió: “Sí, claro”. Esto, porque mientras esté en la ‘Lista Clinton’ no podrá viajar por el mundo para dar conferencias sobre la crisis climática, como dijo que quiere hacerlo.
Pero a pesar de las circunstancias que lo llevaron a virar en la política antidrogas, es obvio que intentará salvar su discurso de soberanía y dirá lo que tenga que decir para no parecer que se rindió. La pregunta es si podrá hacerlo.
¿Capitulación? ¿Pragmatismo? ¿Realismo político? El hecho es que Petro por fin entendió que es mejor hacer lo que hacen otros gobernantes del mundo por estos días: capotear a Trump.